martes, 24 de septiembre de 2013

De proyectos inacabados: Vampiro

Seguro que si eres jugador de rol me comprendes: cuando más gana la partida es cuando la explicas después de jugarla. En su momento son papeles, tiradas, dados... pero cuando lo explicas, son disparos, ideas maestras, golpes de magia, y todo lo que se te pueda ocurrir.
Hace tiempo, empecé a escribir la historia de mi personaje de Vampiro: La Mascarada. Era muy viejo pero era de generación 13, es decir, un mindundi que no tenía mucho sentido. Pero yo se lo di, le hice un background cojonudo y a punto estuve de pagarlo asesinado por mi mejor amigo. Pero, oye, ¿y lo que moló? 
La cuestión es que empecé a escribir la historia del vampiro en cuestión y claro, cuando empezaron a surgir los proyectos de verdad, este proyecto se quedó en nada, a lo mejor algún día lo sigo. Por ahora, os dejo con el principio del background que tampoco hay que pasarse. 


....

Reino de Dàl Riada, s.VI d.C.
Gabhran abrió los ojos cuando los rayos del sol fueron demasiado intensos para seguir durmiendo. Estaba cansado pero, aun así, se sentía como si llevara demasiado tiempo en el reino de los sueños. Tenía la boca pastosa y áspera como si hubiera estado vomitando tras una mala noche de juerga y ahora la resaca hiciera mella en su espíritu, pero no se sentía así. Estaba cansado, estaba dolorido pero no estaba resacoso, aunque no recordaba el momento en el que se había acostado.
Destellos de recuerdos de una cacería matutina acudieron a su mente. Una carrera por el bosque, un ciervo herido que se negaba a darse por vencido, una caída… Las imágenes le asaltaron y Gabhran tuvo que volver a sentarse en la cama cuando se vio atacado por ramas y piedras mientras rodaba barranco abajo.
Se levantó con cuidado y se contempló en el espejo, con miedo de encontrar lo que su reflejo le depararía. Pero ni una sola cicatriz recorría su cuerpo. Ninguna. Sintió de nuevo el dolor punzante de la carne de su mejilla abriéndose, pero no había ninguna marca donde la piedra había golpeado su pómulo. Recordó de nuevo el fuego que se extendió por su pecho desde su costado, allí donde fue ensartado por un tronco muerto.
Cuando la puerta se abrió, su madre en persona apareció ante él con una bandeja en la mano. Su rostro se descompuso al verle de pie y a punto estuvo de dejar caer los platos al suelo. Gabhran los cazó al vuelo, impidiendo que se estrellaran contra el embaldosado.
—Madre, ¿qué sucede? —preguntó, extrañado y sorprendido ante su reacción.
—Nada, nada —dijo ella, agitando sus rizos rojos con su negativa, pero las lágrimas nublaban unos ojos que amenazaban llanto—. ¿Te… te molesta el sol? —preguntó al ver como fruncía el ceño y alzaba la mano.
—Hoy es especialmente molesto —contestó Gabhran encogiéndose de hombros—. Pero no voy a quejarme por un día soleado que tenemos. Madre… he tenido un sueño muy extraño —dijo, porque tenía que haber sido eso, ¿no? Un sueño muy vívido. Recordaba cada uno de los golpes, el dolor que a duras penas le mantenía en la línea de la consciencia, la sensación de asfixia cuando sus pulmones, agujereados, se encharcaban con su propia sangre impidiéndole tomar el aire que necesitaba…
—¿Un sueño…? —repitió ella—. Sí, pesadillas, no debes darle importancia. Pesadillas, sin más.
—¿Cómo sabes que ha sido una pesadilla? —preguntó Gabhran.
—Por… porque estás pálido —dijo—. Come algo y ya verás como te encuentras mucho mejor.
Gabhran metió la cuchara en el tazón de estofado y le dio vueltas con desgana. Sí, un sueño… Tenía hambre, el rugido de su estómago no dejaba lugar a dudas pero, por algún motivo que no alcanzaba a comprender, aquello que tenía delante no parecía alimento. Se forzó a llevarse una cucharada a la boca, ante la atenta mirada de su madre, e hizo acopio de su voluntad para tragárselo. Tierra, era como comer tierra y su estómago lo rechazó con una arcada. Antes de que pudiera evitarlo, se retorció sobre sí mismo y vomitó todo lo que acababa de ingerir.
—Lo siento —articuló entre balbuceos—. No sé qué…
Su madre se afanó en recogerlo todo, pero al hacerlo, las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
—No… no deberías beber tanto —balbuceó—. Luego pasan estas cosas.
—No recuerdo haber bebido —dijo Gabhran, cada vez más seguro de que algo pasaba. Algo que no tenía que ver ni con resacas ni con pesadillas. Algo que agitaba a su madre y arrancaba lágrimas a la mujer de piedra. Agarró sus manos y la obligó a dejar de hacer lo que estaba haciendo—. Es-Estoy bien, madre. No tengo resaca ni… ¿qué está pasando? ¿Por qué lloras?
La mujer le miró a los ojos y le abrazó con fuerza rompiendo en sonoros sollozos.
—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡No podía dejarte ir! ¡No podía! ¡Perdí a tu padre, no podía perderte también a ti! ¡No me odies, por favor!
—¿Odiarte? ¿Perderme? ¿De qué estás hablando, madre? —preguntó, empezando a asustarse.
—Morbihen —la llamó el abuelo desde la entrada de la habitación, su rostro también tenía cierto color ceniciento y contemplaba al joven como si esperara que le salieran alas y cola en cualquier momento—, estás asustando al chico.
—Abuelo, ¿qué sucede?
—Todo a su tiempo, Gabhran —dijo alzando la mano para tranquilizarle—. Morbihen —repitió—, ha funcionado. Tranquilízate.
—¡No ha funcionado! —protestó ella ahogando los lamentos en su pecho y llenando de lágrimas su camisa de dormir—. ¡Dice que le molesta el sol y está lloviendo! ¡Y no ha podido probar una pizca de comida! ¡No ha funcionado!
—Pero está despierto, de día y no ha calmado su hambre de otra forma. Dale tiempo, todos necesitamos tiempo.
—¿De qué estás hablando? —se asustó Gabhran. Miró por la ventana, y entrecerró los ojos para resistir los rayos del sol, pero sus sospechas se agravaron cuando vio la cúpula plomiza que cubría el cielo. No era un día soleado, pero dolía como uno.
—Morbihen —insistió su abuelo, haciendo que su madre se alejara de él—, deja al chico. Lo que has hecho, hecho está, y todos tendremos que asumir las consecuencias.
—¿Qué sucede, abuelo? ¿Qué es lo que me pasa?
El anciano esbozó un rictus de dolor que ensombreció su rostro.
—Moriste, Gabhran, eso es lo que pasó. Estás muerto.
***
—Había discutido con Madre —recordó con aire ausente y la mirada en algún sitio más allá de la arboleda que rodeaba la pequeña fortaleza—. Me dijo que no saliera de caza, que había visto mi muerte en las ondas del agua y en el baile de las llamas. No la creí, eran… supersticiones. Me dijo que no siguiera al ciervo cojo. Y no lo hice —recordó con amargura—, el ciervo no cojeó hasta después de que mi flecha le hiriera. Pero entonces, ya no era un ciervo cojo, era mi presa y no podía renunciar a ella, ¿verdad? Las lluvias de los últimos días habían provocado un pequeño desprendimiento, nada grave, supongo, si Andalo hubiera ido al paso y no al galope. El suelo cedió y ambos caímos por el barranco. Recuerdo… dolor. Mi rostro, mi brazo… recuerdo el sonido de mi pierna al partirse. Y el cielo gris cuando todo dejó de moverse, justo para darme cuenta de que no podía respirar. Recuerdo que sabía que me estaba muriendo. ¿Qué sucedió tras eso?
—Las ondas del agua dijeron a tu madre dónde encontrarte —dijo su abuelo, y no había rastro de burla en su voz—. Dije a tu madre que tenía que haberte iniciado antes, antes de que sucediera todo. Antes, cuando tu espíritu todavía era maleable, antes de que decidieras seguir los pasos de tu padre y convertirte en señor de hombres.
Señor de hombres… sus aspiraciones ahora no eran más que barro en el camino. Su abuelo se lamentaba de que no hubiera escogido el camino de la sabiduría y hubiera seguido el de la fuerza, pero ahora los había perdido a los dos. Sentía que había decepcionado a tanta gente… Gabhran se mordió el labio inferior para disimular su temblor y agachó la cabeza, avergonzado, para ocultar las lágrimas.
—¿Qué sucedió, abuelo? —insistió. Una parte de él no quería saberlo, no quería saber la clase de maleficio que volvía los muertos a la vida.
—Alimañas —murmuró—. ¿Recuerdas algo de tus enseñanzas cuando aprendías los nombres de los árboles y no los estandartes de las casas que los cortaban? ¿Recuerdas cuando te hablé de los monstruos de la arboleda y los que vivían más allá de ella? —Gabhran asintió, pero la verdad era que no recordaba mucho de aquellos días—. Yo recuerdo haberte hablado de las alimañas que visten la carne de los vivos y llenan su vacío con pedazos robados de las almas de sus presas. Criaturas hermosas y terribles como la noche, seres poderosos que viven allí donde viven aquellos de los que se alimentan. Es difícil encontrarlas lejos de las urbes, y las que encuentras, suelen ser despojos. Seres débiles que escapan de las iras y limpiezas de sus mayores. Cuando su número crece en demasía, se matan entre ellos para no tener que dividir sus presas. Es entonces cuando las pequeñas alimañas aparecen en pueblos como el nuestro. Débiles, famélicos, presas fáciles para cualquiera que no los subestime  y sepa a qué se enfrenta.
»Sabíamos que había una en el pueblo. Día sí y día también las muchachas venían con síntomas de anemia a que tu madre las tratara, aduciendo su debilidad a… problemas femeninos. Pero todas tenían síntomas parecidos, sueños… poco decorosos que recordaban ruborizadas. En su defensa, diré que la inteligente alimaña nunca les hizo nada que ellas no hubieran suplicado primero, aunque fuera mediante sus hechizos demoníacos. No ha habido muertes, y la muerte no puede engendrar muerte, así que… no le dimos importancia. Quizá debimos haberlo hecho. Cuando te trajeron estabas muy malherido —continuó cambiando de tema—. Apenas un hilo de aire se escurría entre tus labios y, aunque usé todos mis conocimientos en sanar tus heridas, estas eran demasiado grandes. Solo era cuestión de tiempo que exhalaras tu último aliento. Tu madre enloqueció de dolor y se marchó. Llegué a pensar que, en su desesperación, había decidido poner fin a su vida. Recé a los dioses porque no fuera así, pero ahora creo que quizá debiera haber rezado por lo contrario. Regresó con la alimaña que seducía a las jóvenes del pueblo y le ordenó que te salvara la vida. La alimaña dijo que lo haría si ella le perdonaba la suya y ella aceptó. Yo me negué —recordó con tristeza—. Intenté hacerle ver que no sería nada más que tu cuerpo lo que viviera después. Solo un muñeco sin vida. Ella y yo discutimos largo y tendido. Durante ese tiempo, mil veces deseé que exhalaras tu último aliento. Le expliqué que, cuando morías, tu… alma saldría despedida en millones de fragmentos que se dispersarían por el mundo. Pero Morbihen siempre había sido una prometedora maga, ideó un plan por el que eso no fuera así. Ancló tu alma a la tierra antes de que la alimaña te salvara. Así que, a diferencia de las otras alimañas que llenan su vacío con los pedazos que extraen de la sangre de sus víctimas, tú tienes un alma pero no está dentro de ti, esta en el suelo que te rodea. Pero eso no cambia lo que eres, Gabhran, estás muerto y no puedes morir.
—No lo entiendo —confesó Gabhran sujetándose la cabeza con las manos. Intentaba recordar las enseñanzas que su abuelo le había brindado cuando era pequeño pero apenas podía acordarse de dragones, nombres de plantas y dioses olvidados.
—Este eres tú —dijo su abuelo alzando un vaso vacío—. Este eras tú lleno de… vida —dijo y rellenó el vaso con agua de la jarra—. Cuando se crea una alimaña, la vida estalla en fragmentos y se dispersa. —El viejo arrojó con violencia el contenido del recipiente que se dispersó por toda la habitación, salpicando las cortinas y la ropa de la cama—. La única forma que una alimaña tiene de seguir moviéndose, es robar la vida de los otros seres. —Su abuelo escupió un par de veces dentro del vaso—. No es vida, pero se le parece. Y con muchos escupitajos puedes llenar un vaso, y seguirá sin ser vida, pero se le parecerá. Con la diferencia de que necesitas que alguien tire escupitajos dentro de vez en cuando. La vida se mantiene a sí misma, este remedo no puede hacerlo. Por eso buscan sangre con tanta ansia.
Gabhran miró con asco el vaso lleno de esputos de viejo y empezó a marearse.
—Pero yo soy diferente —protestó—. Madre hizo algo…  yo no…
—Cierto, en parte —dijo su abuelo con tristeza. Llenó de nuevo el vaso de agua y derramó un poco encima de la mesa—. Te morías —recordó—, perdías tu vida gota a gota. Y lo que hizo tu madre fue recoger cada una de esas gotas y vaciarte por completo. —El anciano vació el contenido del vaso dentro de un plato—. Cuando la alimaña te transformó —dijo y sacudió el vaso vacío. Apenas unas gotas de agua salpicaron a Gabhran—, apenas tenías vida que esparcir. Morbihen la había guardado toda en otro sitio. Lo único que hubo que hacer fue volver a llenarte. Así que estás muerto, pero te han llenado con tu propia vida.
—Entonces… ¡estoy vivo! —exclamó.
—No —negó su abuelo—. Es solo una ilusión. Tu alma se queda en el plato, en esta tierra, allí donde alcanza la arboleda, si te alejas del plato, estarás vacío y tendrás que llenarte de escupitajos de otros para seguir caminando.
—O sea —dijo Gabhran comenzando a entender su situación—. Tengo que escoger entre la vida y la libertad.
—No —negó de nuevo el viejo mago—. No puedes escoger, ninguna de las dos te pertenece.
***
Montañas de legajos viejos se amontonaban delante de él y su abuelo no hacía más que sacar nuevos pergaminos cubiertos de polvo.
—¿Qué se supone que debo hacer con esto? —preguntó Gabhran con voz átona. Llevaba días sin salir de su habitación, demasiado torturado por la sombra de sus sueños desvanecidos como para encontrar fuerzas y presentar batalla a su pesadilla actual. Había rechazado toda la comida que le habían puesto delante. Y no lo había hecho por desgana o inapetencia, se había cansado de vomitar cada bocado que daba y el hambre amenazaba con torturarle de por vida.
—Estudiar —dijo el anciano mago—. Ahora tienes todo el tiempo del mundo y no puedes ir a ninguna parte. Puedes intentar hacer algo útil con tu eternidad. Para empezar, deberías intentar aprender todo lo que puedas sobre lo que eres. Y luego… ya veremos.
—No puedes convertirme en mago —recordó Gabhran—. Es un principio básico: los muertos no pueden manipular la vida. ¿Recuerdas?
—A todos los efectos, mientras permanezca en este castillo, estás vivo. Tienes tu vida al alcance de la mano y tu areté impregna cada piedra. Tenías talento, estúpido chiquillo, y lo malgastaste todo por un montón de sueños de gloria y espadas de madera.
—Los hombres de mi tío vendrán a buscarme antes de que acabe el verano —recordó Gabhran con el ceño fruncido—. ¿Qué pensáis decirles?
—Nada que no les dijéramos ya —respondió el mago—. Mandamos una misiva a los hombres de Aédan informándole de tu desgraciado accidente de caza. Para ellos y para el resto del mundo, Gabhran mac Sétna ha muerto sin descendencia.
—Ojalá hubiera podido…
—Ya ha pasado el tiempo de los lamentos, Gabhran. Tienes la oportunidad que la mayoría de nosotros no nos atrevemos ni a soñar. Tienes el tiempo para estudiar toda la sabiduría que los nuestros han acumulado desde el principio de los tiempos. Pero yo no tengo tanto para enseñártelo, así que… empezaremos cuanto antes.
—¡Y de qué me servirá! —exclamó Gabhran fuera de sí—. ¡Nunca podré hacer nada con lo que aprenda! ¡Nunca! Pasarán los años y tú te irás. ¡Pasarán los siglos y se irán las piedras! Y yo seguiré aquí, solo, hambriento y loco. Pero vivo, eso sí —añadió con sorna—. Estoy… —dudó un momento en si continuar la frase—. Estoy pensando que a lo mejor debería acabar con este estúpido experimento.
—¿Piensas… suicidarte? —Una minúscula pausa entre las palabras fue el único indicio de que al viejo le importara realmente si lo hacía o no. Un silencio que duró una fracción de segundo y que tal vez, estuviera tan solo en su imaginación.
—Quizá… —admitió Gabhran, no era como si no se lo hubiera planteado más de una vez en esos días—. En realidad, estaba pensando en irme y que sea lo que tenga que ser. —Su abuelo no dijo nada. El murmullo del viento fue la única respuesta que recibió—. Podrías fingir que te importa.
—Tienes la oportunidad que yo siempre había soñado —murmuró el anciano mago.
—Lo dudo —replicó Gabhran con desdén.
—No es necesario que empieces por los nombres de las plantas y las piedras —dijo su abuelo—. Podrías descubrir más cosas sobre lo que eres ahora. Quizá encontrarás una forma de dejar de pasar hambre, de comer comida normal o… quizá una cura.
—¿Una cura? —repitió.
—Tienes mucho tiempo para intentarlo —le recordó—. Pero quizá podías comenzar con encontrar algo para aliviar tu hambre.
—El hambre no me matará —dijo Gabhran con una mueca—. Llevo cuatro días sin comer ni beber y no me siento débil solo… hambriento y sediento. Es… molesto y doloroso, pero no mortal.
—Por ahora —admitió su abuelo—, pero irá a peor y puede que…
—¿Por qué tengo hambre, abuelo? —preguntó—. Se supone que mi vida está en el plato. Se supone que no necesito esputos de viejo. ¿Por qué tengo tanta hambre?
El anciano se encogió de hombros y señaló la montaña de legajos.
—No lo sé —confesó—. Quizá no estés completamente lleno de vida, o quizá es tu nueva naturaleza que te empuja a buscar sangre aunque no la necesites. No lo sé, pero la respuesta puede que esté en algún lugar de todo esto.
—Sangre… —Gabhran había intentado no pronunciar esa palabra en voz alta. Por supuesto, sabía de qué se alimentaban los suyos. «Los míos… esa es buena»—. La sangre me repugna —dijo, recordando que antes ni siquiera era capaz de comer carne poco hecha.
—Supongo que tus dos naturalezas se pelean entre sí. Esto es nuevo para todos, Gabhran. Nunca antes ha habido nadie como tú. Hemos puesto patas arriba el orden natural para esquivar a la muerte. Y todavía no hemos pagado el precio por ello. Ningún acto queda sin consecuencia —recordó el viejo mago—. Solo espero que cuando llegue el momento de pagar, seamos capaces de asumir el coste.



Hasta aquí lo que tenía de la versión novelizada del background. Como mínimo era original, ¿no? Pero bueno, la historia permanece allí y algún día será escrita. 

miércoles, 28 de agosto de 2013

El primer ratón

Pocas cosas he hecho a nivel literario que me llenaran tanto como escribir este cuentecillo con el que participé en el Ilusionaria 2. Nunca había escrito nada infantil y se me ocurrió que no quería conformarme con contar una historia, quería una que implicara algo, que enseñara algo sin limitarse a la simple moraleja. Veréis que a nivel de estilo hay muchas repeticiones, cuando lo escribía pensaba en un cuento para ser leído en voz alta y creo que así es como gana más, aunque no dudo que los adultos puedan disfrutarlo.

El primer ratón

Ratoncillo era curioso, inquieto y trabajador. Era, sin ninguna duda, un buen ratón. Todas las tardes iba a ver al Abuelo Ratón y escuchaba sus historias convencido, como todo nieto debe estarlo, de que su abuelo era el mejor.
Un día, paseando al lado del estanque, vio a la Mamá Pato enseñar a los patitos. Uno a uno, ¡cuack-cuack!, se metieron en el agua y empezaron a nadar. Ratoncillo  se fue a corriendo a buscar al Abuelo a Ratón y le pidió:
—¡Abuelo Ratón, abuelo Ratón! ¡Enséñame a nadar!
El Abuelo Ratón se rio a carcajadas mientras Ratoncillo le contemplaba extrañado.
—No ha habido nunca ni habrá, un ratón que sepa nadar —dijo.
—¡Pues yo seré el primero! —dijo Ratoncillo y se marchó corriendo de allí. Pero si su abuelo no iba a enseñarle, ¿cómo iba a aprender?
Ratoncillo se fue a la Mamá Pato y le preguntó:
—Mamá Pato, Mamá Pato, ¿me enseñas a nadar?
—Nunca he visto a un ratón nadar —dijo Mamá Pato—. Los ratones no nadan.
—¿Cómo lo sabes si no has visto ninguno? —preguntó Ratoncillo.
—Con tus pequeñas patas no podrás nadar —observó Mamá Pato, enseñando sus patas palmeadas.
—Me esforzaré más y no parecerán que mis patas son pequeñas —insistió Ratoncillo.
—Está bien —aceptó Mamá Pato—, te enseñaré a nadar. ¡Pero te tendrás que esforzar! ¡Y no tardarás ni un día ni dos; tardarás muchos más!
A Ratoncillo no le daban miedo los retos y aceptó sin dudarlo. Pero Mamá Pato tenía razón: nadar era muy difícil.
Ratoncillo no se dio por vencido y lo que hizo fue trabajar más. Y  pasado un tiempo, no un día o dos, Ratoncillo aprendió a nadar.
*
Nadaba por la charca cuando lo escuchó. Primero no supo lo que era. ¡Nunca había escuchado nada tan bello como el coro de las ranas! Y corriendo, como aquella vez, se fue a buscar a su abuelo.
—Abuelo Ratón, abuelo Ratón, ¿me enseñas a cantar?
El abuelo le miró muy serio y le contestó:
—No ha habido nunca ni habrá un ratón que sepa cantar.
—¡Pues yo seré el primero!
Y ni corto ni perezoso, se fue corriendo al estanque de las ranas que no dejaban de cantar.
—¡Señoras ranas, señoras ranas! ¿Me enseñan a cantar? —les pidió.
—Los ratones no cantan —dijo una primera rana.
—No he visto ninguno —dijo una segunda rana.
Ilustración de Marta TheArt

—Los ratones no cantan —dijo también una tercera rana.
— ¿Cómo sabéis que no cantan si no habéis visto nunca ninguno? —protestó Ratoncillo—. Enseñadme, por favor, quiero aprender a cantar.
—Tu voz es muy aguda —dijo la primera rana.
—No será fácil —dijo la segunda rana.
—Te tendrás que esforzar —dijo la tercera rana.
—¡Y no tardarás ni un día ni dos, tardarás muchos más! —dijeron las tres ranas.
Pero a Ratoncillo no le daba miedo esforzarse. Cualquiera pensaría que cantar es fácil, pero hacerlo en un coro, en el tono justo y sin desafinar, ¡no era moco de pavo! ¡Y la voz de Ratoncillo era demasiado aguda! Así que le costó mucho, pero supo entrenar su voz y cantar la canción de las ranas como si fuera una rana más. ¡Una rana con pelo y cola, eso sí!
*
Un día, mientras cantaba por el bosque, Ratoncillo se fijó en una ardilla que trepaba corriendo a un árbol y de copa a copa saltaba. Ratoncillo abrió muchos los ojos y se fue corriendo a buscar al Abuelo Ratón.
—¡Abuelo Ratón, Abuelo Ratón! —llamó— ¿Has visto alguna vez a un ratón trepar y saltar de árbol en árbol?
El abuelo negó con la cabeza, pero sonreía de forma misteriosa cuando dijo:
—No ha habido nunca ni habrá, un ratón que sepa saltar y trepar.
—¡Pues yo seré el primero!
Y se fue corriendo a buscar a la ardilla que había visto.
—Ardillita, Ardillita, ¿me enseñas a trepar y saltar? —pidió con toda amabilidad.
—Es muy difícil saltar y trepar —dijo Ardillita—, y te puedes caer y hacer daño. ¿Seguro que quieres intentarlo? ¡Te tendrás que esforzar y...!
—¡...Y no tardaré ni un día ni dos, tardaré mucho más! —dijo Ratoncillo que ya sabía que era muy difícil aprender cosas nuevas, pero también sabía que merecía la pena el esfuerzo.
*
Un día, el Abuelo Ratón estaba dando un paseo y vio como Ratoncillo se metía en el agua y nadaba, trepaba a un árbol y saltaba para luego irse corriendo a cantar con las ranas. Sin poder evitarlo, el Abuelo Ratón empezó a llorar.
—Abuelo Ratón, ¿por qué lloras? —preguntó Ratoncillo muy preocupado. El Abuelo Ratón era un poco gruñón, pero él le quería mucho y no quería verlo triste.
—Lloro porque cuando era joven yo también quería nadar, cantar, trepar y saltar, pero mi abuelo me había dicho que nunca un ratón lo había hecho y yo no tuve ni el valor ni la constancia para intentarlo.
—Pero Abuelo Ratón —dijo Ratoncillo—. ¡Nunca es tarde para hacerlo!
—Nunca he visto ni nunca veré a un viejo ratón que aprenda cosas nuevas —dijo con tristeza el Abuelo Ratón.
—¡Pues tú serás el primero! —dijo Ratoncillo—, pero te aviso que te tendrás que esforzar. ¡Y no tardarás ni un día ni dos, tardarás mucho más!
—Pero... ¿aprenderé? —preguntó el Abuelo Ratón.
—¡Claro! —contestó Ratoncillo—. ¡Yo te ayudaré!

—¿Ya no queda nada que quieras aprender? —preguntó el Abuelo Ratón.
—Sí —dijo Ratoncillo señalando a Pajarín que surcaba el cielo agitando sus alas—, ahora quiero aprender a volar.
—¡Nunca ha habido ni...! —El Abuelo Ratón no continuó, asintió con la cabeza y sonrió —. Ve y esfuérzate mucho —dijo.
Si os fijáis en las tardes de verano, justo cuando se pone el sol, veréis que no son pájaros aquello que surca el cielo. Mirad bien y descubriréis que los ratones vuelan.





miércoles, 17 de julio de 2013

Una lista de PEROS

He acabado la primera parte de El Alma en Llamas. Estoy contenta.
La he corregido, la he pulido y creo que es una de las historias que he escrito que me deja más satisfecha PEEEEERO (siempre tiene que haber algún pero y yo tengo una lista de ellos) no tengo ni idea de qué hacer con ella.
Un pequeño resumen, por si todavía no sabéis de qué va la cosa.
En un mundo completamente dependiente de unos esclavos superpoderosos a los que se les priva de la voluntad, la tecnología se revela como la única opción viable.
Por un lado tenemos a los invocadores y a los vincios, esclavos con la capacidad de controlar los elementos a los que se les mantiene controlados mediante un aro que reemplaza su voluntad con la del portador del anillo (el controlador). Y por el otro tenemos al progreso y los ingenieros que con trenes, dirigibles y tecnología en general, que van relegando a un papel secundario toda esta especie de pseudomaquinaria que utiliza la magia para funcionar.
Los vincios no eran discretos. Ni queriendo, podrían pasar inadvertidos. Su piel y su cabello se transformaban en el momento del vínculo y adquirían coloraciones que reflejaban su elemento. Y ya fueran verdes, rojos, azul oscuro o azul pálido, todos llevaban la argolla alrededor del cuello.
«Tanto poder no puede quedar sin control», rezaban los invocadores y se encomendaban al pasado, a los días oscuros del Rey vincio que trajo la desolación al mundo, hasta que llegaron los alquimistas con los aros que anulaban la voluntad y relegaban el control de su cuerpo al poseedor del anillo: el amo. «Un mal necesario», repetían aquellos que los creaban, para convencer a todo el mundo de que era imposible que esos seres camparan a sus anchas.
Pocos eran los que se presentaban voluntarios para el vínculo. Una vida de servidumbre no era un gran aliciente, pero los invocadores pagaban bien a la familia del sujeto. Un dinero que podía significar la diferencia entre la vida o morir de hambre, y no era raro el padre o la madre que se sacrificaba por sus hijos, o los hermanos que se entregaban para salvar a su familia. Detrás de cada vincio solía haber una historia de miseria y sacrificio. A pesar de eso, muchos eran reclutados en las cárceles o en el extranjero, sin pedirles opinión.
Pero, si era tan doloroso, tan difícil y tan éticamente reprobable... ¿por qué los continuaban creando?
Porque un vincio con el poder de la tierra podía cavar túneles, abrir canales y alzar muros más deprisa que una brigada de cien hombres. Porque los vincios de fuego eran más destructivos que cualquiera de las armas que empleara el enemigo. Porque no habría sequía mientras un vincio de agua utilizara su poder. Y porque no había nada que pudiera viajar más lejos y más rápido que los barcos de los vincios de aire. La esclavitud era un mal necesario en el mundo en el que vivían.
Fragmento de No podrán quitarme el cielo (relato incluido en la antología Planes B: Gaslamp)

Hace seis años, el protagonista de nuestra historia, Suke, dejó de ser un vincio Y se convirtió en un niño normal. Eso, en teoría, no es posible. Ahora vive ocultando su pasado.

1er PERO: Es una segunda parte de una primera autoconclusiva que será Rubí, cuando la acabe (pronto). Rubí tiene un FIN claro. Y si luego quieres saber qué pasó con Suke, pues bien por ti, pero no es necesario. Lo que empieza es una historia nueva. Por supuesto, el personaje es el mismo y los acontecimientos de la primera marcan su vida. Pero serían independientes, lo único es que suelto spoilers a montones. Inconvenientes de empezar la casa por el tejado.
2º PERO: La novela tiene dos ingredientes básicos: la guerra encubierta de los vincios liberados y una incipiente historia romántica.
¿Y dónde está el problema? 
Pues... en que Suke es gay.
Y seguro que todos os echáis las manos a la cabeza y decís que eso es una tontería, que no debería haber problemas y sin embargo los hay. ¿Cuántas novelas de este estilo conocéis? ¿Y dónde las publicaríais?
Ya digo que la historia romántica es muy incipiente así que no hay apenas hay escenas comprometedoras.
3er PERO (el más gordo): No está acabada.
¿Entonces? ¿Qué narices estás celebrando?
Bueno, está acabada... esta parte. Tiene un final, eso está claro. Y digamos que no lo dejo en un emocionante continuará ni nada de eso, pero hay cosas, muchas cosas que te indican que la historia no se va a quedar ahí.
He llegado al final de lo que sería la primera novela, pretendo que todo me quepa en dos así que no os asustéis pensando en trilogías, tetralogías o novelas río.  Puede que la segunda parte sea algo más larga que la primera. Puede que al final lo junte todo y no haya ni partes ni na, no sé.
En fin... que como podéis ver no es publicable, al menos, por ahora, pero la historia se sigue con facilidad y me alegra compartirla y tener lectores. La podéis seguir por Wattpad (ponéis Administrar y la agregáis a vuestra biblioteca), y además estoy colgando los capítulos en este blog y en Tumblr hago microentradas.
Es una tontería pero he disfrutado como una enana escribiendo y leyendo esta historia, solo espero que a vosotros también os guste.

jueves, 11 de julio de 2013

Protodoctora

Hoy os voy a hablar de mi última publicación:
¡Ej maj bonita! Y es que, por fin, señoras y señores, he terminado la tesis.
A espera de recogerla mañana en la imprenta y hacer el depósito (ya tengo todo el papeleo a punto), puedo decir que por fin la he terminad. Con suerte en un par de meses (agosto no existe) podré decir también que ya soy doctora en biología.

Suena importante... Lo pondré en mis tarjetas de presentación... si alguna vez tengo alguna.



Síp, lo sé, un poco Matrix. Pero tenía que mostrar mi vena friki en algún lado. Eso y la cita de la primera página:

«Si algo merece la pena hacerse, merece la pena hacerse bien»

viernes, 28 de junio de 2013

28 de Junio



Llegará un día en el que nadie necesite imponer su forma de vida como la única y verdadera.
Llegará un día en el que cada uno podrá vivir en libertad.
Libertad para pensar. Libertad para sentir. Libertad para amar.
Llegará un día en el que no sea necesario celebrar este día.

Hasta entonces: 
¡Feliz día del orgullo gay!

miércoles, 19 de junio de 2013

Cause sometimes dreams just don't come true

Wolas, toca actualizar el blog.
La mayoría ya sabéis lo que voy a contar (me encanta dar la tabarra)  así que la cosa irá rápido. Tomen asiento y abróchense los cinturones porque esto irá rápido y en un plis plas habremos terminado.

Las Crónicas de Eos

Terminé el primer libro en el 2010 y desde entonces ha llovido mucho. 
He sido una chica paciente pero como dice la canción: ‘Cause sometimes dreams just don't come true y he tirado un poco la toalla respecto a verlo publicado. Triste pero cierto, al final una se cansa de los silencios y de las amables negativas. Supongo que tarde o temprano lo sacaré en Amazon, Google-Books o cualquiera de esas plataformas, pero por ahora iré colgando los capítulos al blog de Crónicas a ver si consigo un pequeño pool de lectores.
Seguramente también lo saque en Wattpad así que, ya sabéis, dadle al ME GUSTA, compartid y esas cosas, a ver si conseguimos que la Valkiria llegue un poco más lejos.
Y comentad, por Om, que es gratis.

martes, 21 de mayo de 2013

Planes B y otras noticias


Noticias y tonterías varias: y van... No sé, ya he perdido la cuenta.
Alguna vez haré alguna entrada de verdad, lo prometo. Por ahora, un montón de noticias, algunas más interesantes que otras. ;)

Planes B
Me han seleccionado un relato para la antología Steampunk de temática Gaslamp de Planes B. Para los que no sepan qué es eso del Steampunk... bueno, básicamente es un retrofuturismo que implica hacer ciencia-ficción basada en la tecnología de vapor y normalmente ambientada en una época de estética y costumbres victorianas. Por decirlo de alguna forma, el Steampunk es a la época victoriana como la Edad Media a la Fantasía Épica; hay autores para todos los gustos, unos más fieles que otros, unos con magia, otros sin ella, etc. En esta convocatoria en concreto, hablaban de Gaslamp, que básicamente implica Steampunk y su mezcla con la fantasía así que la carga fantástica o mágica del asunto debía de ser importante.
Pero... ¿cómo se pueden mezclar magia y tecnología en un ambiente victoriano (o pseudovictoriano) de forma coherente?
Bueno, yo ya lo había hecho casi sin darme cuenta cuando empecé con el mundo de Rubí. En el relato original (que podéis leer aquí) apenas se aprecia la ambientación (cuestión de espacio), no así en la novela, donde la tecnología tiene un papel muy importante ya que se presenta como una alternativa sólida a los vincios. Y ese es uno de los ejes tanto de la novela como del relato que presenté y fue seleccionado para la antología.
Allí hago un spin-off precuela de uno de los personajes, Vaio, el vincio de aire; e incluso sale Kobe, en uno de sus primeros casos. Hasta hay un pequeño (diminuto) homenaje a Rubí. Un resumen de un par de líneas:
Un nuevo invento, el dirigible, parece destinado a romper el monopolio de los barcos voladores conducidos por los vincios del aire. Vaio solo quiere volar y que le dejen tranquilo. Pero, sin saberlo, se verá implicado en una lucha de poderes entre su pasado, su presente, y el posible futuro de todos los suyos.
«El aparato era impresionante. Tenía un diseño extraño que fascinaba y horrorizaba por igual. Por supuesto, no tenía ni punto de comparación con un barco volador con sus velas henchidas de viento, pero tenía un porte majestuoso que resultaba seductor. Si un barco volador tenía la gracia y la agilidad de un delfín, un dirigible tenía la presencia solemne y fastuosa de una gigantesca ballena que se mantenía en el aire sin aparente esfuerzo».

«Cerró los ojos y llamó a los vientos para que le llevaran a su adorado cielo. «Nunca podrán quitármelo», se dijo, mientras se alejaba de la azotea y se elevaba sobre el gentío buscando las nubes. Más alto, más lejos, hasta que sus problemas fueran del tamaño de las hormigas. Hasta donde el aire faltara y pudiera decir que era eso y no las lágrimas contenidas lo que agitaba su pecho. Y cuando llegó allí arriba se detuvo y contempló el mundo a sus pies. Y supo a ciencia cierta que había hecho lo correcto. Él había nacido para volar.»
Fragmentos de No podrán quitarme el cielo por Diana Muñiz

La verdad es que me encanta este mundo, hasta he hecho mapas y esas cosas. Sí, podían quedar mejor, pero por ahora solo sirven para que yo me oriente. Como ya he dicho en alguna ocasión, tengo la novela de Rubí completamente esquematizada, se supone que debería ser fácil rellenar y rellenar pero nunca tengo tiempo de ponerme con ella. L
Pero me puse con su continuación.
Sí, sóc un cas com un cabàs :P Acabé la primera parte, a ver si me pongo con la segunda. O con la anterior... será por proyectos.

Grupo de Facebook
La verdad es que primero he pensado en publicar con el apabullante pseudónimo de Bry, vamos, como me llama todo el mundo. Ahora no creo que lo haga, porque sería un poco ridículo ponerme un pseudónimo y que to quisqui sepa quién soy. Además, qué demonios, soy yo la que escribe, ¿no?
Luego pensé en hacerme un perfil de Facebook para mi perfil de escritora y así separar esta faceta de mi vida privada. Porque, seamos sinceros, a muchos se la trae floja lo que publico o mis problemas con la novela, o que he acabado un relato... Bueno, no creo que a la mayoría de los que me conocen como escritora les interese tampoco pero... a veces me apetece contar cosas, aunque nadie me escuche.
La cuestión es que he creado un grupo de Facebook,Bry, al que podéis uniros aquí. Allí haré mis declaraciones literarias, pondré fotos molonas para que os hagáis ideas, y relatos, colgaré relatos. També pondré noticias y actualizaciones de los blogs. Puede que al principio me repita un poco por los dos perfiles, pero la idea es acabar haciéndolo solo en la página de escritora. Actualmente hay un par de relatos de las crónicas y mi avatar es Zero (más mono ^_^), la imagen de fondo es Galileo (o una ciudad futurista al azar :P ).



El Otro blog
Pues eso, he actualizado el blog de las Crónicas de Eos con algo de información sobre el sistema, en concreto, explico lo que es La Fractura. También hago un llamamiento a que comentéis qué tema os apetece que profundice en las siguientes entradas. Supongo que con el grupo lo iré actualizando más a menudo, me he propuesto que tenga algo de vidilla pero ya sabemos lo buena que soy yo cumpliendo propósitos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Teseo X: El Precio


Ayer acabó el Teseo.
Normalmente, este concurso me produce sentimientos encontrados. El tener que someterte a las críticas de tus rivales/compañeros desde el anonimato hace que muchas veces, las formas utilizadas en dar algunas opiniones no sean las más adecuadas. El intentar “objetivizar” una opinión subjetiva, argumentándola de la mejor de las formas, hace que te ampares en la crítica constructiva olvidando, casi siempre, que al otro lado hay alguien como tú. Y siempre hay formas diferentes de decir las cosas. Después de todo, somos escritores, ¿no es así? Habla con sinceridad, como hablarías a un amigo, pero habla con tacto porque tu amigo te importa y no se trata de hacer sangre. ¿O sí?
Y a qué viene esto, os preguntaréis. ¿Tan duro fue? No, en verdad no. Hasta el último momento dudé de si presentarlo o no al concurso. A veces me pasa, odio que destrocen mis relatos favoritos. Otras veces ha sido duro pero este Teseo, en mi caso particular, ha sido un paseo por un campo de flores. Cosas raras ha habido, es cierto, pero la mayoría se ha comportado y he conseguido un.... ¡Tachán! ¡Cuarto puesto! De 36 relatos presentados. Todo un logro para mí.
Nada que decir de los justos ganadores. Después de todo, yo les había votado.
Y sin más que añadir, os dejo con El Precio, respondiendo a la pregunta: ¿Qué Deseos concedió el genio?

Prisoner by xx--ingie--xx

El Precio
Podía sentir la curvatura de las paredes bajo la palma de sus manos. Las había recorrido mil veces buscando una salida y mil veces había llegado al mismo punto sin tocar más que el metal que le aprisionaba. No había puertas, ni ventanas.
—Deseo salir de aquí —suspiró, tras recorrer una vez más la superficie combada y fría que se cernía sobre su cabeza.
Se sentó de nuevo, en la penumbra sin sentido de una luz que venía de ninguna parte. Recordó otros tiempos, cuando era joven y su mundo no se reducía a las paredes curvas de su prisión.
—¡Deseo diez putas y una jarra de cerveza! —exclamó con una mueca amarga—. ¡No! Que sea un barril entero. Para compartir. Y las putas que sean guapas. De pechos generosos y culos prietos. —Se rio al imaginarse lo que haría con esas señoritas. Pero su risa no tenía nada de alegre—. Soy un estúpido —se regañó—, mamá decía que las putas no dan la felicidad. ¡Deseo una mujer hermosa que me ame más que a nada! —Pero eso tampoco le convencía. Acudieron a su mente miles de relatos sobre el amor verdadero y todos acababan sufriendo de tal forma que deseaban morir por no vivir el vacío de una ausencia—. ¡Deseo no amar nunca! —dijo, pero cambió de opinión—. Deseo no necesitar nunca que nadie me ame.
Eso era fácil. Al menos eso lo conseguiría. Desde el agujero donde estaba, era muy sencillo pensar en deseos. Miró los grilletes, fijados a sus muñecas, y recordó un tiempo en que no los llevaba.
—¡Deseo volver atrás! —exclamó, alzando la voz. Se levantó de golpe, impulsado por una desesperación y una urgencia difíciles de comprender para alguien que gozaba de todo el tiempo del mundo—. ¡Deseo salir de aquí! ¡Deseo volver atrás en el tiempo! —gritó a la nada—. Deseo no haber encontrado nunca esa lámpara —susurró con la voz estrangulada por el dolor—. Deseo haber sido... mejor persona, no haber sido tan egoísta ni tan ambicioso —dijo, mientras lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas—. Deseo no haber deseado tanto.
En ese momento, la oscuridad se hizo luz y, cuando el cielo apareció ante él, pensó por un instante que su deseo había sido concedido. Pero al ver la lámpara en las manos de un desconocido que esgrimía una expresión de satisfacción y sorpresa al contemplarle, supo que no había sido así.
Supo que nunca sería así.
Juntó las manos y, como buen esclavo, agachó la cabeza en señal de respeto y obediencia. Sabía lo que tenía que hacer.
—¿Qué desea, mi amo?


sábado, 9 de febrero de 2013

Cumpliendo propósitos de año nuevo

Es sábado y toca una nueva entrada en el blog*.
Y no tengo muy claro de cómo hacerlo.

Podía hablaros de algunos de mis proyectos pero estoy en ello (ahora estoy escribiendo aquella novela steampunk que no estaba escrita pero sí esbozada y cuando esté algo más avanzada ya os daré el coñazo con ella). Podía hacer una No-reseña... Quiero hacer más, pero la semana pasada hice una y esto no es un blog de reseñas, sorry. ;) Podía poner uno de mis relatos cortos pero... A quién voy a engañar, me apetece divagar un rato.

Ayer vi un vídeo de esos que circulan por las redes sociales, en este te pedían que te imaginaras lo que querías hacer con tu vida si no te preocupara el dinero. Decía que la mayoría contestaba escribir un libro, pintar un cuadro...  Me sentí muy poco original. Sí, yo formo parte de una de esas personas que si no necesitara el dinero para poder vivir, se pasaría el día escribiendo.

No quiero escribir para hacerme rica; me gustaría ser rica para poder escribir todo lo que quiero.

A mí no me importaría que fuera mi trabajo aunque probablemente me daría un extra de nervios que no sé si me afectaría del todo bien. Acabar eso porque tienes que hacerlo, sin excusas de bloqueos, páginas en blanco o porque te apetezca escribir otra cosa. Nunca he estado en la situación de escribir por necesidad y obligación, así que no me veo con capacidad de valorarlo como si fuera mi profesión. No es mi profesión, es lo que soy (o intento ser).

Pensar en beneficios, público... Estoy convencida de que ahí fuera está mi público y ni siquiera tengo que buscar mucho ya que lo que escribo podía calificarse de “comercial”. ¡Si hasta he conseguido medio gustar a un ama de casa que solo lee novela negra y rosa!

Solo tengo que conseguir que me lean. ¿Y cómo? Y ahí es dónde está mi pequeño problema. ¿En un mar lleno de peces de colores, cómo vas a convencer a todo el mundo de que el tuyo es el pez bueno? Y ahí empiezan nuevos problemas. Por si no fuera poco escribir una novela, corregirla, y (con suerte, algún día) publicarla, luego te toca venderla.

¡Hola, buenos días! ¡Avon llama a su puerta!

Sí, ahora vender libros es casi como ir puerta por puerta con el añadido de que seguramente no serás el primer vendedor que pase por allí y la persona que esté al otro lado ya esté hasta las narices de gente como tú que intenta colarles sus productos. Pero seguimos haciéndolo, seguimos escribiendo y seguimos intentando que nos lean.

Ganar dinero con ello... Este año he ganado 7.60 céntimos. Ya puedo comprarme un café y una pasta en el Starbucks.

Y sin embargo... no he dejado de escribir. No he dejado de sacar historias de mi cabeza, de imaginar nuevas, de retorcer antiguas. Y no he dejado de pelearme con propuestas editoriales y me he mordido las uñas ante cada nuevo mail deseando que sea la respuesta que estaba esperando.

Por eso sé que nunca dejaré de hacerlo. No me haré rica escribiendo, lo sé, pero con suerte, algún día conseguiré algo de tiempo para poder dedicarme a ello, un poquito, con calma. A lo mejor algún día encontraré a alguien en el metro leyendo una novela mía o alguien que no conozco me escribe para decirme lo mucho que le gustó uno de los relatos que colgué en el blog.

¿Qué? Ilusión es lo que más tengo. No pienso perderla por nimiedades.
La próxima vez contaré un chiste y me haré un esquema antes de empezar a desvariar. Lo prometo. ;)

Pirate Ship Book Alterationby *wetcanvas




*lista de propósitos de año nuevo. Propósito 3; actualizar el blog con frecuencia.

sábado, 2 de febrero de 2013

Esto NO es una reseña

Codex Alera vs. Dresden Files


No soy mucho de comentar los libros que leo de forma objetiva así que no esperéis una reseña concienzuda y pensada cantando las alabanzas de un obra porque yo no funciono así. Mi forma de lectura es la siguiente: cojo un libro, lo leo... y valoro el tiempo y las ganas que me va a llevar devorarlo. No tengo mucho tiempo para leer, así que lo hago a intervalos de 20 minutos de metro, pero si cuando llega mi parada, reniego y veo que quiero seguir leyendo, entonces busco tiempo de debajo de las piedras y no hay ordenador, niño, o deberes hasta que acabe.
Nunca diré que un libro es malo porque a mí no me haya enganchado. Tampoco diré que sea bueno porque lo haya hecho, pero sí diré que me ha gustado (y que probablemente esté narrada en un tono ágil porque estoy de barroquismos y petulancias hasta las mismísimas) y al final, eso es lo que a mí me importa.

Otro de los motivos por los que no voy a hablar de reseñas es porque no voy a hablar de un libro o de una obra, voy a hablar de dos. De dos series completamente diferentes como son Codex Alera y Dresden Files que lo único que tienen en común es estar escrita por la misma persona, Jim Butcher,  y que supere la velocidad de lectura con cada uno de ellos.

En Dresden Files nos narran las aventuras de Harry Dresden en primera persona, siempre desde su punto de vista ácido, a veces un poco amargado, otras veces un poco anticuado... Ves el mundo que le rodea bajo sus ojos y su personalidad y, poco a poco, conforme él los conoce, los vas conociendo tú. Dresden es un héroe de principios pero un antihéroe de formas y se supone que es un mago poderoso pero no “especialmente” poderoso, pero va ganando fuerza (y debilidad) con los amigos que hace y que, poco a poco, acaban siendo tan imprescindibles como él mismo.
Es fácil reírte en uno de los libros de Dresden. Siempre, siempre hay algún momento que te arranque una carcajada. Es fácil sentir temor por el personaje (aunque más por sus amigos, ya que, después de todo, el libro está en primera persona). Y, con una fórmula ágil, en ocasiones un poco oscura, te mete en un mundo propio que acabas conociendo como el tuyo.
Cada libro es autoconclusivo pero tienen una cronología dentro de la saga y en algunos pasan algunas cosas que marcan definitivamente todos los posteriores. De los que he leído (y he leído todos los que están en castellano, es decir, hasta El Trono Blanco que es el número 9), quizá el 3, la Tumba y el 6, Derecho de Sangre, son los que más determinan la trama posterior, pero siempre, siempre, hay algo que permanece en todas las novelas y que marca de alguna forma la siguiente. Ya sean monedas, deudas o aprendices. Además, en todos los libros se muestra un poquito de la misteriosa madre de Dresden y algo que no acaba de cuadrar y que intriga y engancha a partes iguales.

The Dresden Files by Gir-of-Spades


De Codex Alera solo he podido leer el primero, al parecer hay seis, y viendo los títulos... creo que me acabo de tragar un spoiler. ¬_¬ (Uno más que evidente, por cierto. Es imposible que alguien acabe el libro sin sospecharlo). En estos libros, Butcher utiliza la tercera persona subjetiva desde diferentes puntos de vista. No pone el nombre en el capítulo, como hace Martin, pero con una sola frase al principio ya te queda claro de quién estamos hablando. Mención especial reciben los “malos”, que antes de que acabe el libro ya te importan tanto como los “buenos”.
El protagonista es Tabi, un chaval sin furia. Las furias son como espíritus de los elementos (tierra, agua, fuego, aire, madera y metal) que se enlazan con los humanos como si fueran su familiar mágico. Se enlazan según su carácter y el de su amo, así que, según la persona, tiene furias más o menos fuertes o pueden tener más o menos furias.
Tabi no tienen ninguna y es la única persona de Alera que no tiene. Eso no significa un “hazte con todos” en plan Pokemon ni la búsqueda de una furia. Las furias no se buscan, se encuentran antes de entrar en la adolescencia. Además de tener una mascota que puedes llamar, cada furia da determinadas habilidades a su artífice y el uso de algo parecido a la magia.
En este mundo, Tabi es como un lisiado que puede correr, o un ciego que puede ver. Pero tiene un talento muy especial: es muy listo y piensa muy rápido. Y eso algo que no solo se dice sino que se demuestra en varias ocasiones durante la novela. Algo que, por otro lado, también es emblema de Harry Dresden ya que nunca gana por ser el más poderoso (y por el factor suerte/destino).
Supongo que los señores de RBA decidieron que su título original, Las Furias de Calderon, podía malinterpretarse. Es cierto, puede hacerlo. Siempre da más miedo la furia hooligan de un campo de futbol que la de un pequeño municipio aragonés, así que lo llamaron las Furias de Alera, aunque, si lees el libro, te das cuenta de que el primer título tiene muchísimo más sentido.

Me encantaría liarme a comentar los libros pero ya no sé cómo hacerlo sin soltar spoilers a patadas. Solo decir, que espero con ansias una continuación y no me importa de qué saga sea, seguramente, lo devoraré en dos días y lo releeré de aquí a un mes.

Por ahora, la RBA me ha dado otra alegría, una que llevaba esperando desde que me leí Barrayar, de Louis McMaster Bujold, hace mil años: un libro sobre Ivan Vorpatril. En la próxima No Reseña, hablaré de la saga Vorkosigan. ;)

Bernard & Brutus, de Codex Alera by Sandara