domingo, 15 de febrero de 2009

- KAN - Capítulo I : El niño sin corazón.


Que yo era ciego era seguro, había nacido así y eso no había cambiado desde ese día. No sé por qué, no le pasaba a nadie que yo conociese aunque claro, en Zarán no había mucha gente para conocer. Damash decía que estaba maldito, pero yo no le hacía caso, sólo era un viejo mendigo que en su juventud debía haber sido un valiente guerrero pero ahora no era más que un viejo nostálgico, yo prefería lo que decía Tarana, era más bonito, yo había sido marcado por el destino para una importante misión, muy bonito, pero tampoco lo creía. La verdad es que a mis cinco años yo, Kan, era un niño bastante escéptico, quizás demasiado mayor. Nunca me había compadecido de mí mismo, desde luego, pero me hubiese gustado conocer a las personas que me rodeaban, por ejemplo, sabía que Sanara tenía el pelo largo y rizado porque mi mano se perdía entre sus cabellos cuando la abrazaba, pero no podía averiguar su color y no quería preguntárselo, no, eso sería demostrar que era inferior y yo no era inferior a nadie, nadie tenía que sentir pena por mí, ni siquiera mi madre. Lo único que deseaba saber era mi propio aspecto, Sanara era bastante dura, era cariñosa pero nunca me dijo guapo o que tenía una cara bonita, la verdad era que mi propio aspecto era una incógnita para mí, no sabía el color de mi pelo, o la forma de mi nariz o si tenía los ojos deformados. Yo me imaginaba como una especie de monstruo, pelo desmechado, nariz de zapato, dientes de conejo y sin ojos .Nunca pensaba en mis ojos, pensaba que si no veía era porque no tenía, así que en mis sueños no tenía ojos. En cambio Sanara sí los tenía, unos grandes ojos azules tan bonitos que parecían el mar que tantas veces me habían descrito y tan grandes que ocupaban su cara. Los ojos del señor Damash, en cambio, era pequeños y chispeantes, negros como trocitos de carbón y torcidos como los ojos de los locos, y los de Tarana debían ser dulces, porque era una vieja encantadora y los ojos de una persona buena nunca podían estar torcidos ni brillar con malicia, así que debían ser claros como los de Sanara y como si tuviesen agua porque a veces me abrazaba y sentía agua en mi mejilla. Sanara me había dicho que eran lágrimas y que todas la personas lloraban cuando estaban tristes, pregunté por qué estaba triste pero Sanara no me contestó, de todas formas pensé que se había equivocado porque a veces yo estaba triste y no lloraba. No lloraba nunca. Nunca había llorado, debía ser porque no tenía ojos y las lágrimas salen de los ojos. Luego Tarana me dijo que estaba triste por que le dolía el corazón y que las lágrimas vienen del corazón y entonces yo pensé que como no lloraba tampoco tenía corazón.
Yo era el único chico de Zarán, el resto de la población eran mujeres en su mayoría mayores y Damash, el único varón del pueblo, excepto yo. Sanara me dijo que algún día se morirían todos y yo tendría que irme antes de que eso sucediese, pero que como no podía ver no se atrevía a dejarme solo. Eso me enfadaba, no era tonto, y era muy rápido, era capaz de correr varios kilómetros seguidos sin cansarme. además, nunca me perdía porque podía oler el humo de las chimeneas de Zarán desde muy lejos. Pero Sanara nunca me dejaba alejarme más allá de la verja y siempre tenía que ir con Ih, el halcón que me regaló cuando cumplí tres años, lo único que sabía de halcones eran que eran suaves, volaban y tenían un pico y unas garras que hacían daño, y que cuando quería pasar de la verja me picaba y me tiraba del pelo hasta que volvía al otro lado. Un día, me caí por la pendiente y me quedé solo, pero al poco rato vino Sanara a ayudarme y me sacó del agujero y supe que Ih la había ido a buscar. Y a veces, cuando venían Ellos, me escondía en algún sitio.
Eso era lo que hacía Sanara cuando Ellos venían, me metía en el baúl y yo sabía que no tenía que moverme. Ellos nunca entraban en casa pero a veces, mandaban que Sanara o Tarana saliesen y entonces, se las llevaban y no volvían hasta la tarde, o hasta el día siguiente. Pero un día ellos entraron en la casa y se llevaron a Sanara. Yo no estaba asustado, porque el miedo también nace en el corazón y como yo no tenía no tenía miedo, pero Tarana me sacó del baúl y me dijo que no tuviese miedo que no me dejaría solo, estaba llorando, porque las lágrimas también se oyen y las suyas sonaban a lluvia y viento. Me dijo que Sanara no volvería, que no había podido hacer nada y que Ellos se la habían llevado para siempre. Ya sabía lo que pasaba, no era la primera vez que ocurría y no era la primera aldeana que no volvía nunca. Me dijo que me fuese a dar un paseo con Ih y después habló a Ih en esa lengua rara con que le hablaban ellas . Obedecí, yo siempre era obediente, incluso ahora que se habían llevado a mi madre adoptiva. Obedecí como si nada hubiese pasado. No podía sentirme triste o enfadado porque los sentimientos nacen del corazón y yo no tenía. Sencillamente obedecí y me fui al monte con Ih.
Regresé tarde, cuando el frío me dijo que era de noche y mi barriga me dijo que tenía hambre, y mis pies estaban cansados y querían echarse. Entonces intenté oler el humo de la chimenea pero estaban apagadas y fue Ih quien me enseñó el camino mientras yo seguía el ruido del viento cuando agitaba sus alas. Entonces Ih se paró en mi hombro y yo le dije que siguiera, que tenía sueño y quería irme a casa. Pero él no se movió y entonces yo escuché las voces de mi casa.
-Y has guardado al niño todos estos años.-dijo una voz de hombre que yo no conocía, era una voz dura y pensé que sus ojos tenían que ser chispeantes y secos.
-Fue lo que ella quiso, sabes que él lo hubiese matado.-Era Tarana, y lloraba, podía oír sus lágrimas desde el sitio en que yo estaba.-Después de todo también está marcado, como ella.
-Pero a él no, él es su hijo, el único que ha tenido, es el hijo del...
-Ya sé quién es su padre, por eso ella le ocultó y se lo dio a su hermana, que también estaba marcada, y ahora Sanara ha muerto y no hay nadie que cuide al niño.
-Tendría que haberse ido hace mucho tiempo, aquí no está seguro, si la Emperatriz ...
-Sin ella nuestro pueblo habría muerto hace mucho tiempo.
-Pero ahora está enferma y su muerte sólo es cuestión de días. El niño debe irse.
-Pero no puede irse solo.
-Qué es lo que me ocultas, qué le pasa al niño.
-Es ciego,- esa palabra en boca de Tarana hizo que me diese un escalofrío, nunca me había dicho que era ciego, por supuesto lo sabía, pero nadie me lo había llamado.-por eso... necesito que tú te lo lleves, hijo mío.
-No soy tú hijo,-su voz temblaba y entonces pensé que sus ojos debían de estar torcidos por no considerarse hijo de Tarana,-tú eres una marcada, tienes poderes que no comprendo y que te llevarán a la muerte. Como Sanara. No puedo ser el hijo de una bruja, yo no estoy marcado, yo no moriré.
¿Brujas?¿Eso era lo que pasaba? Lo que había en el pueblo eran brujas
y se las llevaban cuando las necesitaban, y si hacían algo mal, morían. Pero todavía no entendía el porqué, para mí nunca fueron brujas, fueron mujeres amables, no entendía por qué tenían que morir.
-Sí morirás hijo mío, algún día.
-¿Me maldices?
- Te aviso, nadie vive eternamente. Llévate al niño, no debe morir.
-Me lo llevaré, pero qué quieres que haga con un niño ciego.
-Enséñale y protégele, la Emperatriz morirá antes de que el sol despierte y antes de que duerma de nuevo, el Zarán habrá desaparecido.
Esa idea me sobresaltó, pero de nuevo ningún sentimiento brotó de mi.
-Si lo sabes por qué no huyes, por qué no huis todas.
-No tiene sentido escapar a lo inevitable, pero el niño tiene que irse.
-Madre...
-Ahora me llamas así, cuando sabes que voy a morir, no importa, más vale tarde que nunca, el niño está afuera escuchándonos, está alejado pero tiene el oído agudo. Ven Kan, entra hijo.
Me sorprendió, no sabía que podía oírme desde tan lejos, pero obedecí y entré en casa.
-Así que tú eres Kan,-dijo el hombre, me cogió de los hombros y noté que se estremecía, sonreí maliciosamente, debía de ser horrible ver a alguien sin ojos.-es igual que su madre,-dijo y yo me sorprendí,-¿Seguro que es ciego? Tiene unos ojos preciosos.
Esas palabras me sobresaltaron. Entonces, tenía ojos. Pero si tenía ojos, por qué no podía ver.
-Es ciego,-oí que decía Tarana,-completamente, no ve ni luces ni sombras.
-¿Es mudo?
-No pero es muy callado, no suele hablar y nunca pregunta.
-¿Dónde está marcado?
Tarana me cogió la mano derecha y la giró mostrando la palma, entonces, uno de los dos me colocó una guante en la mano.
-No te lo quites nunca,- me dijo el hombre- mi nombre es Amza, al parecer vivirás algún tiempo conmigo. No te preocupes a mi lado no te pasará nada.
-Escúchame Kan,-Tarana me abrazó y me hablaba, yo podía sentir sus lágrimas y su miedo,-debes irte, no te volveré a ver nunca pero siempre estaré contigo. Sanara ya está contigo. Algún día nos volveremos a ver. Llévate a Ih, que sea él tu mejor amigo y tu guardián. Ahora debes irte. Incluso en estos momentos no lloras. Me hubiese gustado verte llorar alguna vez, pero tú no lloras nunca. Tampoco ríes, pero sé que no por eso eres indiferente. Te quiero mucho y aunque no me lo digas sé que tú también me quieres.
Noté que me besaba en la mejilla, luego, Amza me cogió en brazos y me subió en su caballo, Ih me seguía volando.
-Adiós,-dije a Tanara antes de irme, y le lancé un beso con los dedos ,en aquel momento recordé que ése fue el único gesto cariñoso que le había hecho nunca, pero ella ya debía saber que no podía sentir cariño ya que no tenía corazón.
Atrás quedó el olor de humo y el calor de la aldea, a la noche siguiente no quedaría nada pero el humo y el fuego llegarían hasta el cielo.

3 comentarios:

Bryoria Nieve dijo...

Este es el primer capítulo de un cuento que escribí con quince años. Me encantaría recibir vuestros comentarios y opiniones, pero sed buenos, que lo escribí hace muuucho tiempo.
Si alguien se molesta en seguirlo iré colocando un capítulo cada semana.

Canario Negro dijo...

Me ha gustado bastante , la verdad. Una buen introducción que deja con ganas de saber más. La perspectiva de la historia desde el pov del niño ciego está en general lograda. Si acaso, igual vendría bien alguna acotación más en los diálgos , describiendo aspectos como el tono en que habla el personaje y cosas así

pd. Soy Ana Stark

Bryoria dijo...

Gracias, Ana! Creo que tienes razón, la verdad es que los diálogos me cuestan un poquito y eso que tengo cierta tendencia a centrar la acción en ellos