miércoles, 9 de septiembre de 2009

Una buena pi-gamma-delta


Los ingredientes para este relato son:

-3 palabras: Fraternidad, Palestra y Chamusquina

-1 musa dopada

-60 minutos de cocción.

Sigues las instrucciones y creas un nuevo relatillo de Escritura Automática.

Servir caliente.





Una buena Pi-Gamma-Delta




Darla cogió el vestido y se miró en el espejo. Inclinó la cabeza de un lado a otro y, frunciendo el ceño, arrojó el vestido encima de la cama con un gesto de desdén.

— ¡Qué se jodan! No pienso ir. —anunció.

—¡No! —exclamó Rose alarmada. Cogió el vestido que su compañera había vilipendiado y se lo devolvió—. Esta vez no tienes escusa. Eres una pi-gamma-delta, y como pi-gamma-delta tienes que ir a las fiestas de beta-delta-epsilon, y si no, haber entrado en kappa-omicron-alfa que ellas no van a fiestas, ¿vale?

—¡No voy a ir!

El último grito de Darla alertó a sus compañeras, en un par de minutos, cuatro hermanas pi-gamma-delta estaban en la habitación.

—¿Qué sucede? —preguntó una de las más jóvenes, Darla intentó recordar su nombre pero no lo consiguió.

—No quiere ir a la fiesta de beta-delta-epsilon. —informó Rose con aire de suficiencia.

—Noo —corearon las jovencitas alicaídas.

Darla bufó como un gato y se tapó la cabeza con la almohada, le hubiera gustado irse de la habitación pero ese era su cuarto. ¡Qué demonios! ¡Que se fueran ellas!

—Pero eres una pi...

—¡Cómo se te ocurra acabar esa frase te meto el cojín por tu pi-kappa! —le espetó.

Rose la miró malhumorada pero empujó a sus hermanas sacándolas de allí.

—Iros, iros, yo me ocupo —dijo—, estará arreglada en un cuarto de hora.

—No voy a ir a esa estúpida fiesta. —gruñó Darla en cuanto se cerró la puerta.

—Oh, sí irás.

—No, iré.

—Sí, irás.

—No iré, no puedes obligarme.

—Sí irás o... —Rose sonrió— diré a todo el mundo por qué estaba tan nervioso Ryan en su discurso.

Darla enrojeció de golpe.

—Ya sabes —continuó Rose—, cuando estaba allí, en la palestra, delante de todos y se le fue la voz y lanzó ese gritito y ...

—¡No vas a contárselo a nadie!

—No, no lo voy a hacer porque vas a ir a la fiesta y vas a hacer que Ryan, tu Ryan, se sienta muy dichoso.

Darla se levantó de un salto y se vistió, no le gustaba el vestido, no les gustaban las fiestas y no le gustaban los chicos de beta-delta-epsilon pero, como buena pi-gamma-delta, tenía obligaciones que cumplir y eso incluía, cómo no, trabajarse la entrepierna de todos esos deportistas descerebrados.

Frunció el ceño y arrugó la nariz recordando el incidente con Ryan hacía unos días. No había sido ni el momento ni el lugar indicado pero... tenía que hacerse y ambos quedaron muy satisfechos con el resultado. Aunque Darla siempre se quejase, en el fondo sabía que era la mejor en lo que hacía y estaba orgullosa de ello.

No había acabado de repasarse por enésima vez el pintalabios cuando llamaron a la puerta enérgicamente. No habían contestado cuando Ryan entró como un torbellino, sin ser invitado, y cerró la puerta tras él.

Darla le miró sorprendida, él la miró ansioso, se notaba que la necesitaba.

Rose los observó a ambos con detenimiento y se dirigió a la puerta.

—No te entretengas mucho. —dijo cerrando la puerta tras ella.



—Ryan yo... —empezó a decir Darla.

Ryan la miró fijamente y en un momento se quitó los pantalones.

—Te necesito. —dijo con sencillez.

Darla suspiró, asintió con la cabeza y se arrodilló en el suelo.



—Todavía huele a chamusquina —dijo mientras la aguja subía y bajaba —. ¿Cómo se te ha ocurrido planchar?

—Es que... creí que sería más fácil. —el rostro del joven estaba encendido como una cerilla, sentado pacientemente a su lado observaba como su amiga le arreglaba el estropicio del pantalón donde se veía perfectamente dibujada la marca de una plancha.

—Puedo coserte los agujeros pero deberías ponerte otro pantalón.

—¡No, me gusta este! —se quejó Ryan.

—Pues no puedo hacer milagros —dijo Darla cortando el hilo con los dientes—. Bueno, ha sido más fácil que la otra vez.

—Sí —asintió él con una sonrisa—, pero me salvaste la vida. ¡Mira que romperse la cremallera justo en ese momento! Menos mal que me la arreglaste si no hubiera hecho el ridículo delante de todo el campus.

—Pero te pinché, lo siento.—dijo mohína.

—No importa, eres un sol.

—¿Para qué están las pi-gamma-delta?

3 comentarios:

Samhain dijo...

Yo quiero que tus musas se vayan un rato con las mías, a ver si se desenredan y abandonan esos aires suicidas...
Claro que corres el riesgo de que las tuyas se depriman...
¡Mejor me presentas a tu camello!

Canario Negro dijo...

El problema de tu musa no es que se dope, sino que da la sensación, viendo el EA del martes, de que está empezando a traficar :P

Sam, tus musas no son suicidas, solo son más ambiciosas que las nuestras ;)A mi el relatillo tuyo me gustó bastante ( sobre el final en el rio)

Bryoria dijo...

Puede que mi musa estuviera un poquito piripi, pero Ana, ya le has dicho a la tuya que los petas no se hacen con potos, ¿no?
Y Sam, necesitamos alguien serio, si no cómo se van a reír de nuestras paridas. ;)