viernes, 15 de enero de 2010
El gato de la biblioteca
martes, 15 de diciembre de 2009
Espejismos de control
Volutas de humo dibujaban escaleras de caracol que llegaban hasta el cielo. Cenizas y maderas chamuscadas, escombros carbonizados, eran todo lo que quedaba de una de las mayores casas de la ciudad. Según los testigos, en apenas media hora la casa se había consumido hasta los cimientos, pasto de las llamas. ¿Qué fuego tan virulento podría causar tal destrucción? Kobe se hacía esta pregunta pero ya sabía la respuesta.
Miró con recelo al vincio de agua de la brigada municipal, el collar en su cuello resultaba vagamente tranquilizador. Su controlador estaba unos metros detrás suyo, lejos del alcance del agua y del fuego, mientras el vincio elevaba olas desde el estanque cercano y las vertía sobre las ruinas, aún humeantes. Hacía, con inusitada facilidad, lo mismo que veinte hombres cargados con cubos. Y, sin embargo, Kobe sintió un escalofrío recorriendo su espalda; tanto poder resultaba inquietante.
El nuevo alud de agua elevó más cantidades de humo, frunció el ceño y se cubrió nariz y boca con la manga de su abrigo. Se trataba de un crimen muy desagradable: el asesinato de un personaje importante y la muerte, supuestamente accidental, de varios de los empleados de la casa. Pero podía ser el caso que había estado esperando para proyectar su carrera a lo más alto.
Uno de sus hombres llegó corriendo, se plantó frente a él y saludó con disciplina.
—Señor, nos han informado de ocho cuerpos. Pero no se descarta que aparezcan más bajo los escombros.
—Ocho cuerpos —repitió Kobe, eso era mucha gente para matar a un solo hombre—. ¿Se ha verificado que el cuerpo de Gayus esté entre ellos?
—Sí, Señor —contestó el joven oficial—. Hemos podido identificar el cuerpo de Primo Gayus entre los cadáveres, en el punto en el que, según los testigos, se originó el incendio. Está completamente carbonizado pero le hemos identificado por las joyas aunque...
El oficial era joven y parecía incómodo, Kobe sintió una punzada de simpatía pero no dejó que le afectara.
—Continúe —dijo con sequedad.
—Le faltaba la mano izquierda.
—¿Faltaba?
—Señor —dijo el joven tragando saliva—, estaba rota, arrancada, le cortaron la mano y creo que se la llevaron.
—¿Cree?
—Es que…es demasiado pronto para asegurarlo.
—Comprendo.
Era fácil comprenderlo, apenas se habían apagado las llamas y el grupo de extinción de incendios trabajaba a marchas forzadas recuperando los cuerpos de entre los escombros. Una mano podía estar en cualquier sitio. Aún así la ausencia resultaba chocante. Una mano... si lo que querían era las joyas podían haberse apoderado de sus collares, o de cualquiera de los objetos valiosos que se exhibían en la casa, Gayus era famoso por sus ostentaciones. Pero el hecho de que cortaran una mano implicaba que había algo en esa mano que necesitaban.
—Mino... ¿se sabe algo del vincio?
El joven oficial negó con la cabeza.
—Nada nuevo —dijo—, testimonios de gente en la calle principal que vieron a un chico que se correspondía con la descripción, pero nadie lo ha visto desde entonces. ¿Cree que ha sido el vincio?
—Creo que ha sido el vincio —dijo Kobe—, pero culparle a él es como culpar a un revólver. Hay que encontrar a la persona que lo controlaba, hay que encontrar a su amo.
—Es que... —empezó a decir Mino, se ruborizó— dicen que el amo era Gayus.
—Eso complicaría las cosas, ¿verdad? Averigua todo lo que puedas de ese vincio, de dónde salió, quién se lo vendió, quiero saber si estaba regulado o fue una invocación clandestina. Y, sobre todo, quiero que lo encuentres y me lo traigas.
—¡Sí, señor! —Mino se despidió con un saludo y salió corriendo tal y como había llegado. Kobe sonrió momentáneamente al recordarse a sí mismo a su edad, ¿cuánto había pasado? Casi diez años desde que había entrado en el cuerpo de guardianes. Capitán... era muy joven para su rango, como se preocupaban por recordarle continuamente, pero no le importaba mucho lo que pensaran de él, se lo había ganado y pensaba llegar mucho más lejos.
Desvió la atención hacia las flores del jardín, que se mecían con el viento ignorando el avispero que se había formado a su alrededor. Colores vivos y brillantes y formas llamativas, era un jardín realmente impresionante. Entre esas grandes flores de complicados diseños, había un parterre de flores púrpuras redondeadas, como cabezas de dedal. Kobe se acuclilló para observarla mejor.
—Yo que usted no la tocaría —dijo una voz femenina detrás suyo—, es muy venenosa.
—Dedalera —dijo Kobe mirando con recelo a la mujer— mi abuela preparaba un tónico con ellas. En pequeñas cantidades, es beneficiosa para el corazón.
—Oh —exclamó ella aparentemente sorprendida—, nunca hubiera pensado que todo un guardián como usted sabría de plantas.
Kobe se fijó en el coche aparcado tras la reja de la mansión, y en el curioso personaje de piel marrón y cabello verde que aguardaba a su lado. La mujer era bastante joven, debía rondar la treintena. Como él, también debía haber escalado posiciones sobre los gordos burócratas.
—Se han dado prisa —dijo Kobe y chasqueó la lengua enojado—, les esperaba pero no tan pronto, creí que aún tendría tiempo de hacer mi trabajo antes de que aparecieran ustedes.
—No pretendemos entorpecer su trabajo, capitán —dijo la mujer, su rostro impertérrito parecía esculpido en piedra—, pero si esto ha sido obra de un vincio, le vendrá bien nuestra ayuda.
—No se preocupe, si necesito la ayuda de los invocadores, se la pediré.
martes, 1 de diciembre de 2009
Marioneta de Agua
Ara estaba orgullosa de su pan. ¡Y no era para menos! Todas las semanas venían dos o tres criados de las casas nobles y se llevaban varias hogazas para uso y disfrute de algún poderoso señor. Tenía su pequeño puesto en el mercado y, cuando volvía a casa al caer la noche, sólo se llevaba su pequeña barrita porque había acabado con todo.
Su secreto... era suyo, y de nadie más. Algún día, su hijo le acompañaría pero por ahora, prefería estar emborrachándose en alguna sucia taberna. Pero bueno, era un hombre, ¿qué se podía esperar de un hombre? La pescadera de enfrente le gritaba algo, esta mujer... siempre gritando. Pero el mercado estaba abarrotado a esa hora y era imposible oírla.
Ara se separó de su puesto menos de tres pasos, la pescadera quería que le guardara una hogaza, nada más. Lo mismo de cada día. Fue tan sólo un segundo. Era consciente de la presencia de pillos y ladronzuelos e incluso los hombres de buena voluntad alargaban las manos cuando el hambre apretaba, así que nunca se separaba de sus hogazas, eran demasiado valiosas. Pero cuando se giró, se fijó en que a la elaborada pirámide de pan, le faltaba una pieza.
Ara se enfadó, arrugó el entrecejo puso los brazos en jarras. Sólo era un mal día, no pasaba nada, sólo era una hogaza. ¡Pero era su hogaza y no se la habían pagado! Si se corría la voz de que Ara se dejaba robar pronto necesitaría más ojos para vigilar cada una de las piezas y eso sí que no podía permitírselo. Por todos los diablos, ¡era una hogaza! ¿Cómo se podía esconder una hogaza?
Por un momento, sólo un momento, le pareció entrever un resplandor que desaparecía tras el puesto de frutas. Pero no podía ser, apenas era un pequeño agujerito, nadie podía pasar por allí. Ni siquiera un niño pequeño.
Ara suspiró y sacudió la cabeza, intentando restar importancia a lo ocurrido. Lo pasado pasado está y no tenía sentido torturarse por ello, sólo tenía que procurar que no volviera a suceder. De nuevo tras el mostrador, recolocó las hogazas para conformar, de nuevo, la perfecta pirámide. Un nuevo brillo acaparó su atención, esta vez sobre el mostrador. Había un anillo, un anillo de oro con una enorme amatista.
Ara boqueó como un pez y guardó el anillo en el bolsillo mirando alrededor para comprobar que nadie la hubiera visto. Pero era difícil borrar la expresión de felicidad de su cara.
Mañana haré fiesta. —pensó.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Una mujer
miércoles, 30 de septiembre de 2009
El gato, la bibliotecaria y el jarrón.
lunes, 28 de septiembre de 2009
III Certamen de Microrrelatos Teseo
11. El ganador adquiere el derecho y el deber de organizar en un plazo razonable (inferior a seis (6) meses y superior o igual a un (1) mes) el “IV Concurso de Microrrelato Teseo”, adquiriendo en dicho momento los deberes de: PUBLICACIÓN DE LAS BASES, como mínimo en el foro de “El Multiverso & El Reto”; ALBACEA DE LOS ORIGINALES PRESENTADOS; PUBLICACIÓN DE LOS ORIGINALES; RECEPCIÓN Y CONTAJE DE LOS VOTOS; DETERMINACIÓN DE LA PREGUNTA A RESPONDER. Aquel que no desee tales deberes, puede explicitarlo en el cuerpo del mensaje, asumiendo que, de quedar ganador, sería relegado tal honor y deber al siguiente autor cuyo relato haya sido mejor valorado por el jurado y que sí desee estos deberes.
12. El jurado de este concurso es popular. Será exclusivo de los usuarios de la página “El Multiverso & el Reto” a fecha de 30 de SEPTIEMBRE que no participen en el certamen, pero que se presten a valorar las obras presentadas a concurso, así como de los participantes del certamen, que deberán valorar obligatoriamente todos los relatos presentados. El sistema de votaciones será publicado el 1 de NOVIEMBRE, dependiendo éste del número de originales presentados. Los votos se enviarán a la misma dirección que los relatos, indicando en el asunto “Votaciones”, y en el cuerpo del mensaje los relatos escogidos, seguidos de la puntuación otorgada. El plazo de votaciones comenzará en el mismo momento en el que se publiquen los relatos, y finalizará dos semanas después (14 días). Se considera la posibilidad de aumentar el plazo dependiendo del volumen de relatos presentados. En todo caso, deberá mantenerse en secreto la autoría de los relatos hasta que finalice el plazo de votaciones. El autor que incumpla este requisito o de pistas que indiquen cual es su relato podrá ser descalificado.13. Los autores están obligados a votar, siendo penalizados de no hacerlo restándoseles DIEZ PUNTOS del recuento final. Un autor no podrá votarse a si mismo.14. Se estudiará la posibilidad de sacar una edición en papel con todos los relatos presentados a esta y a las anteriores ediciones a través de lulu, bubok u otra editorial de impresión bajo demanda. Por el hecho de participar el autor accede a que su obra sea publicada en una edición no exclusiva (esto significa que el autor puede seguir haciendo uso de su relato como considere conveniente) y sin ánimo de lucro, que no devengará derechos de autor. Aquél que no desee que su relato aparezca publicado deberá comunicarlo en el momento de enviarlo al concurso.15. Todos los participantes, por el mero hecho de participar, aceptarán estas bases.16. Cualquier circunstancia no contenida en estas bases serán resueltas por el albacea del concurso.17. El albacea podría establecer algún colaborador de entre los usuarios de “El Multiverso & El Reto” siempre y cuando no participe en el concurso ni las votaciones o si, de hacerlo, pueda garantizarse el secreto de las autorías y la transparencia con respecto a los demás participantes.18. El albacea desea fervientemente que se diviertan escribiendo, leyendo y votando.28 de SEPTIEMBRE de 2009
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Una buena pi-gamma-delta

miércoles, 22 de julio de 2009
Ha sido un mago
miércoles, 1 de julio de 2009
Amanda

miércoles, 17 de junio de 2009
Los héroes De la Luz
Los rayos de sol entraban timidamente entre las láminas de la persiana y acariciaba con sus dedos el cuerpo desnudo de la joven que dormitaba en la cama. Albizia entreabrió los ojos y contempló su habitación a través de sus largas pestañas. Ya era de día, tendría que levantarse.
Se incorporó perezosa y se estiró como un gato haciendo crepitar cada uno de los huesos de su espalda sintiéndose fatigada antes de empezar. Un nuevo día y tanto trabajo por hacer...
— ¡Albizia! ¡Albizia! —gritó su madre desgañitándose desde las plantas superiores. Su voz hacía retumbar las paredes de la habitación— ¡Llegarás tarde!
— ¡Ya voy! —gritó ella pero se estiró de nuevo en la cama y se tapó la cabeza con la almohada—. Sólo cinco minutos más.
Cinco minutos más tarde todavía estaba sentada en la cama y no parecía tener mucha intención de levantarse.
— ¡Albizia! —volvió a gritar su madre. Esta vez, el volumen había incrementado considerablemente. La habitación tembló y osciló de un lado a otro mientras la lámpara del techo se estrellaba contra el suelo partiéndose en mil pedazos a escasos centímetros de ella.
— ¡HE DICHO QUE YA VOY! —contestó Albizia usando una voz gutural. Al instante, nubes tormentosas cubrieron el cielo y ocultaron el sol llevando la oscuridad al mundo—. ¡Será pesada! ¡He dicho que ya voy y ya voy es eso, que ahora voy, coño. Y si no llego a tiempo y no me acabo la maldita ambrosía pues ya cogeré una poca de camino al Abismo. Si no se van a escapar, los malditos demonios se quedarán allí esperando a que la maldita diosa que tiene que matarlos se acabe el maldito desayuno.
Enchufó la radio a todo volumen, nada como el hardrock para empezar el día, y se metió en la ducha. Su madre empezó a gritar de nuevo, alguna tontería sobre solecillos confitados y ambrosía amarga. Albizia supiró y subió el volumen de la música.
— In fields where nothing grew but weeds... —empezó a cantar a viva voz sin importarle un comino la entonación y la letra, completamente ajena al diluvio que estaba ocasionando en el mundo de los hombres— All because of you that I believe in angels...
Cuando por fin salió de la ducha, se había declarado sequía en tres países, se habían secado cinco lagos y el desierto del Sahara se había expandido doscientos kilómetros. Su madre ya no gritaba, seguramente, cuando al final decidiera subir la esperaría una buena regañina. Pero ella seguía sin tener prisa. Se quedó delante de su guardarropa comprobando los diferentes modelitos de túnica, todas blancas, impolutas y exactamente iguales unas de otras, pero a pesar de eso, Albizia se demoró en escoger la túnica con el blanco más glamouroso y que destacara más el dorado de sus ojos. Después de todo, era una De la Luz, tenía que dar buena imagen.
Cuando llegó al comedor, su padre ya se había marchado. No en vano era él quién se ocupaba de que el día llegara a todas partes. Su madre estaba enfurruñada y no paraba de murmurar imprecaciones mientras cocinaba ingentes cantidades de solecillos.
Su hermano pequeño estaba allí sentado y la miraba con una sonrisa estúpida. Era su hermano pequeño, era estúpido, ¿cómo iba a ser, si no, su sonrisa? Pero ese día era más amplia y estúpida de lo habitual.
— ¿Cuál es el chiste, enano? —preguntó Albizia y al instante se arrepintió de haberlo hecho.
— Voy a ir contigo —canturreó—. Me lo ha dicho mamá.
—¡Joder, mamá! ¡Tiene que ser una broma!
— Modera tu lenguaje, muchachita —dijo amenazándola con la espátula que utilizaba para girar los solecillos—. Serás una buena hermana mayor y ayudarás a tu hermano a sacarse la licencia de héroe, es un De la Luz, es mejor que aprenda cuanto antes las obligaciones que acarrea su apellido.
— Pero, pero, —dijo Albizia golpeando el suelo con los pies irreflexivamente, a cada golpe, el cielo retumbaba y un tifón se iba gestando—, yo voy con mis amigos, solos matamos demonios mucho mejor. ¿Cómo voy a salvar al mundo si tengo que vigilar al idiota de mi hermano?
— Idiota lo serás tú —replicó su hermanito sacándole la lengua—, tú lo que quieres es que no vaya contigo para así poder liarte con ese De La Luna. Pues lo siento por ti pero ese tío tiene más plumas que un pavo real.
— ¡Jo, Mama, mirá lo que dice! No puede hablar así de Linus, él es tan mono.
— No, si mono es, lo mismo cree el chico de De La Mañana.
— ¡Mamá!
— A mí no me digas, es lo que dicen por ahí. Anda, deja de enfadarte y acábate la ambrosía. Necesitas relajarte, desde que te hicieron diosa del clima la temperatura del planeta no ha hecho más que aumentar.
— No es culpa mía, tengo muchísimas responsabilidades: matar demonios, traer la lluvia, hacerme la manicura...
— ¡Ay! Dejad que os vea —su madre, muy emocionada, colocó a su hermano pequeño a su lado y les dio sendos pellizcos en la mejillas, Albizia suspiró abatida pensando que su hermano ya era casi tan alto como ella— ¡Cuánto habéis crecido! Mis dos niños... ¡qué orgullosa estoy de mis héroes De la Luz!

