viernes, 15 de enero de 2010

El gato de la biblioteca

Muchos ya lo habíais leído, fue retirado del blog para participar en un par de concursos y en uno de ellos, The Lunes, ha quedado finalista. http://www.thelunes.com/
No creo que gane pero es una buena inyección de moral y una magnífica forma de empezar mi año literario.

El gato de la biblioteca
por Dean Bateman
Visir se subió con elegante salto a la estantería más alta. Miró con malicia a la chiquilla que le contemplaba aterrorizada y, lenta, pero inexorablemente, agitó su cola con un suave contoneo volcando uno de los antiguos jarrones de herbolario. Éste permaneció en equilibrio durante unos instantes hasta que, finalmente se estrelló contra el suelo partiéndose en mil pedazos que se desperdigaron por la habitación.
Alicia pegó un grito una milésima de segundo antes de que la cerámica se partiera y cerró los ojos intentando congelar el tiempo. Arqueó una ceja y levantó el párpado lentamente sólo para darse cuenta de que, en realidad, no había servido de nada.
— Me odias, ¿verdad? —preguntó al gato que, sin inmutarse lo más mínimo, clavaba en ella su mirada felina mientras movía la cola con la precisión de un metrónomo. Alicia suspiró y sopló el largo flequillo que rozaba su nariz. Recogió cada uno de los pedazos del jarrón refunfuñando por el polvo acumulado que se había introducido por sus fosas nasales.
— Te has dejado un fragmento —dijo una voz detrás suyo. En realidad, parecía provenir de alguna parte por encima suyo—. Alicia —insistió la voz—, te has dejado un pedazo debajo de la estantería.
La joven bibliotecaria se agachó un poquito más y encontró que, efectivamente, una de las piezas del jarrón había ido a parar debajo de la estantería. Alicia estiró la mano intentando llegar al fragmento y la retiró con brusquedad al notar como una de las afiladas esquinas se clavaba en su mano. Frunció el ceño, se llevó la mano a la boca y chupó la sangré que brotaba de la herida. Afortunadamente, no había sido un corte profundo.
—¿Cómo voy a cogerlo? —preguntó en voz alta aunque creía que estaba sola. Bueno, rectificó mentalmente, mal acompañada por aquel horrible animal que la detestaba.
La detestaba desde siempre. Desde que le habían encargado informatizar las referencias de la vieja biblioteca de Farmacia hacía ya dos meses, el animal no dejaba de producir pequeños desastres a su paso y, por mucho que ella intentara defenderse y hacerles ver que no era culpa suya, los profesores la miraban como si estuviera loca. El animal la odiaba, y punto. No había otra explicación.
—¿Sabes? —dijo la voz— Sería mucho más fácil si usaras algo de magia.
—¡Ya, claro! Magia. ¿Por qué no se me ha ocurrido antes? —Alicia respondió antes de darse cuenta de que no había nadie en la habitación. Nadie excepto ella y… Visir.
Miró al gato de forma inquisitiva, no podía ser que el gato hablara, era imposible. Era... magia.
—¡Hablas!
—Tú también y no hago una fiesta por ello. —dijo Visir bajando de un salto de la estantería y colocándose con gracia encima de la mesa.— Llevo mucho tiempo buscando una nueva ama, y creo que tú podrías valer.
—¿Yo? —dijo Alicia boqueando como un pez. — ¿Ama?
—Brujas, Alicia, brujas. ¿Acaso no lees? Una bibliotecaria que no lee, habráse visto.
— Sí leo. —se defendió enérgicamente. —Sé lo que es una bruja pero... yo no lo soy.
— Hay una forma de demostrártelo —dijo Visir abriendo un cajón del viejo escritorio con inusitada facilidad para tratarse de un gato— aquí hay un poderoso talismán.
— Es un llavero.
—Es un poderoso talismán.
—¡Es un troll de la suerte con el pelo rosa!
—Es un poderoso talismán. —repitió el gato empezando a perder la paciencia.—Si lo agarras con fuerza podrás volar.
Alicia arqueó una ceja con desconfianza pero agarró el poderoso talismán y deseó volar con todas sus fuerzas. Antes de que se diera cuenta, y para su sorpresa, sus pies se despegaron del suelo. Primero apenas fueron un par de centímetros, era como sentirse más ligera, más alta. Pero, cuando abrió los ojos, podía tocar el techo de la habitación.
Sentía un vacío en el estómago, su cuerpo ligero como una pluma a merced de las corrientes de aire. Era increíble. Podía notar la magia corriendo por sus venas como un fuego abrasador. Se sintió eufórica; el mundo entero cambiaba a su alrededor.
—¡Magia! ¡Vuelo! —exclamó Alicia que no cabía en sí de gozo. — ¡Soy una bruja! Los libros, las historias, ¡todo es cierto! ¡Harry Potter, prepárate!
—Querida, —dijo Visir entrecerrando sus ojillos—, esta habitación es demasiado pequeña para ti. ¡Sal de aquí! ¡Ve el mundo con tus nuevos poderes! Demuéstrales a todos los que dudaban de ti lo especial que eres.
Riendo como una loca, Alicia abrió la ventana.
*
—Pobrecilla —dijo el camillero a su compañero mientras levantaba el cuerpo de la muchacha—, se tiró de cabeza desde el séptimo piso, era muy joven.
—Bueno —respondió su compañero encendiéndose un cigarrillo—, estas cosas pasan, la chica era más bien feúcha, a lo mejor estaba deprimida.
—¡Qué no! ¡Qué no! He oído a uno de los profesores que había sido una intoxicación accidental con Claviceps purpurea.
—¿Clavi qué...?
Claviceps purpurea, el cornezuelo del centeno. Lo vi en House —explicó el camillero ante la mirada perpleja de su compañero—, provoca alucinaciones. Al parecer estaba dentro de un bote de herbolario que se rompió por accidente.
—Pues ya es mala suerte.
—Ya te digo, anda, acábate el cigarro y ayúdame con la maldita camilla.
Desde la ventana del séptimo piso Visir contemplaba como se llevaban el cuerpo de la joven. Si alguien se hubiera fijado en ese momento, hubiera podido ver una malévola sonrisa dibujada en la cara del felino.
FIN

martes, 15 de diciembre de 2009

Espejismos de control

Volutas de humo dibujaban escaleras de caracol que llegaban hasta el cielo. Cenizas y maderas chamuscadas, escombros carbonizados, eran todo lo que quedaba de una de las mayores casas de la ciudad. Según los testigos, en apenas media hora la casa se había consumido hasta los cimientos, pasto de las llamas. ¿Qué fuego tan virulento podría causar tal destrucción? Kobe se hacía esta pregunta pero ya sabía la respuesta.

Miró con recelo al vincio de agua de la brigada municipal, el collar en su cuello resultaba vagamente tranquilizador. Su controlador estaba unos metros detrás suyo, lejos del alcance del agua y del fuego, mientras el vincio elevaba olas desde el estanque cercano y las vertía sobre las ruinas, aún humeantes. Hacía, con inusitada facilidad, lo mismo que veinte hombres cargados con cubos. Y, sin embargo, Kobe sintió un escalofrío recorriendo su espalda; tanto poder resultaba inquietante.

El nuevo alud de agua elevó más cantidades de humo, frunció el ceño y se cubrió nariz y boca con la manga de su abrigo. Se trataba de un crimen muy desagradable: el asesinato de un personaje importante y la muerte, supuestamente accidental, de varios de los empleados de la casa. Pero podía ser el caso que había estado esperando para proyectar su carrera a lo más alto.

Uno de sus hombres llegó corriendo, se plantó frente a él y saludó con disciplina.

—Señor, nos han informado de ocho cuerpos. Pero no se descarta que aparezcan más bajo los escombros.

—Ocho cuerpos —repitió Kobe, eso era mucha gente para matar a un solo hombre—. ¿Se ha verificado que el cuerpo de Gayus esté entre ellos?

—Sí, Señor —contestó el joven oficial—. Hemos podido identificar el cuerpo de Primo Gayus entre los cadáveres, en el punto en el que, según los testigos, se originó el incendio. Está completamente carbonizado pero le hemos identificado por las joyas aunque...

El oficial era joven y parecía incómodo, Kobe sintió una punzada de simpatía pero no dejó que le afectara.

—Continúe —dijo con sequedad.

—Le faltaba la mano izquierda.

—¿Faltaba?

—Señor —dijo el joven tragando saliva—, estaba rota, arrancada, le cortaron la mano y creo que se la llevaron.

—¿Cree?

—Es que…es demasiado pronto para asegurarlo.

—Comprendo.

Era fácil comprenderlo, apenas se habían apagado las llamas y el grupo de extinción de incendios trabajaba a marchas forzadas recuperando los cuerpos de entre los escombros. Una mano podía estar en cualquier sitio. Aún así la ausencia resultaba chocante. Una mano... si lo que querían era las joyas podían haberse apoderado de sus collares, o de cualquiera de los objetos valiosos que se exhibían en la casa, Gayus era famoso por sus ostentaciones. Pero el hecho de que cortaran una mano implicaba que había algo en esa mano que necesitaban.

—Mino... ¿se sabe algo del vincio?

El joven oficial negó con la cabeza.

—Nada nuevo —dijo—, testimonios de gente en la calle principal que vieron a un chico que se correspondía con la descripción, pero nadie lo ha visto desde entonces. ¿Cree que ha sido el vincio?

Creo que ha sido el vincio —dijo Kobe—, pero culparle a él es como culpar a un revólver. Hay que encontrar a la persona que lo controlaba, hay que encontrar a su amo.

—Es que... —empezó a decir Mino, se ruborizó— dicen que el amo era Gayus.

—Eso complicaría las cosas, ¿verdad? Averigua todo lo que puedas de ese vincio, de dónde salió, quién se lo vendió, quiero saber si estaba regulado o fue una invocación clandestina. Y, sobre todo, quiero que lo encuentres y me lo traigas.

—¡Sí, señor! —Mino se despidió con un saludo y salió corriendo tal y como había llegado. Kobe sonrió momentáneamente al recordarse a sí mismo a su edad, ¿cuánto había pasado? Casi diez años desde que había entrado en el cuerpo de guardianes. Capitán... era muy joven para su rango, como se preocupaban por recordarle continuamente, pero no le importaba mucho lo que pensaran de él, se lo había ganado y pensaba llegar mucho más lejos.

Desvió la atención hacia las flores del jardín, que se mecían con el viento ignorando el avispero que se había formado a su alrededor. Colores vivos y brillantes y formas llamativas, era un jardín realmente impresionante. Entre esas grandes flores de complicados diseños, había un parterre de flores púrpuras redondeadas, como cabezas de dedal. Kobe se acuclilló para observarla mejor.

—Yo que usted no la tocaría —dijo una voz femenina detrás suyo—, es muy venenosa.

—Dedalera —dijo Kobe mirando con recelo a la mujer— mi abuela preparaba un tónico con ellas. En pequeñas cantidades, es beneficiosa para el corazón.

—Oh —exclamó ella aparentemente sorprendida—, nunca hubiera pensado que todo un guardián como usted sabría de plantas.

Kobe se fijó en el coche aparcado tras la reja de la mansión, y en el curioso personaje de piel marrón y cabello verde que aguardaba a su lado. La mujer era bastante joven, debía rondar la treintena. Como él, también debía haber escalado posiciones sobre los gordos burócratas.

—Se han dado prisa —dijo Kobe y chasqueó la lengua enojado—, les esperaba pero no tan pronto, creí que aún tendría tiempo de hacer mi trabajo antes de que aparecieran ustedes.

—No pretendemos entorpecer su trabajo, capitán —dijo la mujer, su rostro impertérrito parecía esculpido en piedra—, pero si esto ha sido obra de un vincio, le vendrá bien nuestra ayuda.

—No se preocupe, si necesito la ayuda de los invocadores, se la pediré.

martes, 1 de diciembre de 2009

Marioneta de Agua

Os dejo un pequeño teaser de la continuación de Rubí.

Marioneta de Agua

Ara estaba orgullosa de su pan. ¡Y no era para menos! Todas las semanas venían dos o tres criados de las casas nobles y se llevaban varias hogazas para uso y disfrute de algún poderoso señor. Tenía su pequeño puesto en el mercado y, cuando volvía a casa al caer la noche, sólo se llevaba su pequeña barrita porque había acabado con todo.

Su secreto... era suyo, y de nadie más. Algún día, su hijo le acompañaría pero por ahora, prefería estar emborrachándose en alguna sucia taberna. Pero bueno, era un hombre, ¿qué se podía esperar de un hombre? La pescadera de enfrente le gritaba algo, esta mujer... siempre gritando. Pero el mercado estaba abarrotado a esa hora y era imposible oírla.

Ara se separó de su puesto menos de tres pasos, la pescadera quería que le guardara una hogaza, nada más. Lo mismo de cada día. Fue tan sólo un segundo. Era consciente de la presencia de pillos y ladronzuelos e incluso los hombres de buena voluntad alargaban las manos cuando el hambre apretaba, así que nunca se separaba de sus hogazas, eran demasiado valiosas. Pero cuando se giró, se fijó en que a la elaborada pirámide de pan, le faltaba una pieza.

Ara se enfadó, arrugó el entrecejo puso los brazos en jarras. Sólo era un mal día, no pasaba nada, sólo era una hogaza. ¡Pero era su hogaza y no se la habían pagado! Si se corría la voz de que Ara se dejaba robar pronto necesitaría más ojos para vigilar cada una de las piezas y eso sí que no podía permitírselo. Por todos los diablos, ¡era una hogaza! ¿Cómo se podía esconder una hogaza?

Por un momento, sólo un momento, le pareció entrever un resplandor que desaparecía tras el puesto de frutas. Pero no podía ser, apenas era un pequeño agujerito, nadie podía pasar por allí. Ni siquiera un niño pequeño.

Ara suspiró y sacudió la cabeza, intentando restar importancia a lo ocurrido. Lo pasado pasado está y no tenía sentido torturarse por ello, sólo tenía que procurar que no volviera a suceder. De nuevo tras el mostrador, recolocó las hogazas para conformar, de nuevo, la perfecta pirámide. Un nuevo brillo acaparó su atención, esta vez sobre el mostrador. Había un anillo, un anillo de oro con una enorme amatista.

Ara boqueó como un pez y guardó el anillo en el bolsillo mirando alrededor para comprobar que nadie la hubiera visto. Pero era difícil borrar la expresión de felicidad de su cara.

Mañana haré fiesta. —pensó.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Una mujer

Como todos sabéis, el pasado día 15 se fallaron los resultados del Teseo. La verdad es que este concurso me pilló en un momento de bajón creativo y presenté dos relatos con pocas oportunidades de ganar. De hecho, uno de ellos no era ni siquiera un relato y el que os pongo a continuación lo escribí diez minutos antes de que se acabara el plazo. Al menos es cortito.

Una Mujer

Acarició el rostro con la palma de la mano. Estaba frío pero todavía conservaba restos del calor que da la vida. Su piel se tornaba más pálida a cada instante mientras el charco de sangre se hacía más grande.
Recogió con cariño una de las serpientes que caía inerte como sus hermanas, a ambos lados de la cabeza. Recordó el terror que le inspiraron, erizadas, con las lenguas sibilantes agitándose, sintiendo la rabia y la desesperación y sintió una punzada de lástima por los animales fallecidos.
Pasó con delicadeza un dedo por los ojos, ahora cerrados, que tantas vidas habían segado. Ya no habría más muertes, se consoló. Una lágrima olvidada se desprendió del párpado inerte y resbaló por su mejilla.
Perseo se sorprendió. Lloraba, ¿por qué lloraba Medusa? ¿Le importaría a alguien alguna vez? Por un momento dudó. Había matado a un monstruo, era un héroe, eso dirían. La terrible Gorgona, la bestia... ¿por qué, entonces, sólo podía ver a una mujer?

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El gato, la bibliotecaria y el jarrón.

Pequeño ejercicio de EA que quedó bastante redondito y presenté al Monstruos donde no se comió ni un colín pero recibió unas cuantas críticas amables.

(Relato retirado para participar en un concurso, deseadme suerte)

lunes, 28 de septiembre de 2009

III Certamen de Microrrelatos Teseo

1. Este concurso se organiza a través de la página “El Multiverso & El Reto” y su foro en http://www.elmultiverso.com/ , así pues queda restringida su participación a todo aquel registrado en dicha página a fecha de 30 de Octubre de 2009 o anterior, y que haya posteado al menos una vez en el foro.2. Cada autor puede presentar un máximo de dos (2) obras a concurso.3. Cada obra ha de ser original, inédita (incluyendo Internet) y no estar pendiente de votación en otro concurso. De darse ese caso, el autor sería inmediatamente descalificado.4. Dada la naturaleza y la filosofía de este concurso, se exige en cada edición la respuesta a una pregunta concreta, sin importar el género o la temática que se adopte para dicha respuesta. En esta edición la pregunta a responder es: “¿POR QUÉ LLORA MEDUSA, LA GORGONA?”. Tenga en cuenta el autor que la votación será popular, y se les pedirá a los votantes que valoren con gran importancia que se responda de manera satisfactoria a la pregunta. En manos del autor dejamos el riesgo que quiera correr.5. Serán descalificadas las obras que, a juicio del organizador, sean ofensivas, discriminatorias o falten al respeto al concurso, a los autores presentados o a la página que lo aloja. Se considerará en cada caso la expulsión inmediata y permanente del foro del autor que incurra en estos hechos.6. La obra debe tener una extensión no superior a quinientas (500) palabras, sin incluir el título o la firma. Citas textuales de otras obras, incluyendo la fuente, sí serán incluidas en el límite de palabras.7. La obra se presentará en formato electrónico, en un documento .doc compatible con Word 97-2003. Se presentará justificado y a doble espacio, preferiblemente en fuente Times New Roman o similar, tamaño 12. Estará precedida por un título centrado y en negrita. 8. Los originales se enviarán a la dirección: tercerteseo[a]gmail.com con el asunto: “III Concurso De Microrrelato Teseo”. La(s) obra(s) se enviará(n) en un archivo adjunto por obra presentada (preferiblemente ambas obras, de presentarse dos, en el mismo e-mail); en el cuerpo del mensaje deberán aparecer los siguientes datos: NOMBRE DEL RELATO, NICK DE USUARIO y la DIRECCIÓN DE CORREO a la que desea recibir el aviso de su victoria. La cuenta de correo será cerrada en un plazo entre una semana y un mes tras la resolución del concurso.9. La recepción de originales comenzará el 30 de SEPTIEMBRE y terminará el 30 de OCTUBRE. Cualquier relato enviado fuera de ese plazo no será aceptado.10. Al tratarse de una iniciativa sin ánimo de lucro, la victoria no está remunerada, aunque se hará entrega al ganador de un DIPLOMA ACREDITATIVO de su victoria.
11. El ganador adquiere el derecho y el deber de organizar en un plazo razonable (inferior a seis (6) meses y superior o igual a un (1) mes) el “IV Concurso de Microrrelato Teseo”, adquiriendo en dicho momento los deberes de: PUBLICACIÓN DE LAS BASES, como mínimo en el foro de “El Multiverso & El Reto”; ALBACEA DE LOS ORIGINALES PRESENTADOS; PUBLICACIÓN DE LOS ORIGINALES; RECEPCIÓN Y CONTAJE DE LOS VOTOS; DETERMINACIÓN DE LA PREGUNTA A RESPONDER. Aquel que no desee tales deberes, puede explicitarlo en el cuerpo del mensaje, asumiendo que, de quedar ganador, sería relegado tal honor y deber al siguiente autor cuyo relato haya sido mejor valorado por el jurado y que sí desee estos deberes.
12. El jurado de este concurso es popular. Será exclusivo de los usuarios de la página “El Multiverso & el Reto” a fecha de 30 de SEPTIEMBRE que no participen en el certamen, pero que se presten a valorar las obras presentadas a concurso, así como de los participantes del certamen, que deberán valorar obligatoriamente todos los relatos presentados. El sistema de votaciones será publicado el 1 de NOVIEMBRE, dependiendo éste del número de originales presentados. Los votos se enviarán a la misma dirección que los relatos, indicando en el asunto “Votaciones”, y en el cuerpo del mensaje los relatos escogidos, seguidos de la puntuación otorgada. El plazo de votaciones comenzará en el mismo momento en el que se publiquen los relatos, y finalizará dos semanas después (14 días). Se considera la posibilidad de aumentar el plazo dependiendo del volumen de relatos presentados. En todo caso, deberá mantenerse en secreto la autoría de los relatos hasta que finalice el plazo de votaciones. El autor que incumpla este requisito o de pistas que indiquen cual es su relato podrá ser descalificado.13. Los autores están obligados a votar, siendo penalizados de no hacerlo restándoseles DIEZ PUNTOS del recuento final. Un autor no podrá votarse a si mismo.14. Se estudiará la posibilidad de sacar una edición en papel con todos los relatos presentados a esta y a las anteriores ediciones a través de lulu, bubok u otra editorial de impresión bajo demanda. Por el hecho de participar el autor accede a que su obra sea publicada en una edición no exclusiva (esto significa que el autor puede seguir haciendo uso de su relato como considere conveniente) y sin ánimo de lucro, que no devengará derechos de autor. Aquél que no desee que su relato aparezca publicado deberá comunicarlo en el momento de enviarlo al concurso.15. Todos los participantes, por el mero hecho de participar, aceptarán estas bases.16. Cualquier circunstancia no contenida en estas bases serán resueltas por el albacea del concurso.17. El albacea podría establecer algún colaborador de entre los usuarios de “El Multiverso & El Reto” siempre y cuando no participe en el concurso ni las votaciones o si, de hacerlo, pueda garantizarse el secreto de las autorías y la transparencia con respecto a los demás participantes.18. El albacea desea fervientemente que se diviertan escribiendo, leyendo y votando.28 de SEPTIEMBRE de 2009

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Una buena pi-gamma-delta


Los ingredientes para este relato son:

-3 palabras: Fraternidad, Palestra y Chamusquina

-1 musa dopada

-60 minutos de cocción.

Sigues las instrucciones y creas un nuevo relatillo de Escritura Automática.

Servir caliente.





Una buena Pi-Gamma-Delta




Darla cogió el vestido y se miró en el espejo. Inclinó la cabeza de un lado a otro y, frunciendo el ceño, arrojó el vestido encima de la cama con un gesto de desdén.

— ¡Qué se jodan! No pienso ir. —anunció.

—¡No! —exclamó Rose alarmada. Cogió el vestido que su compañera había vilipendiado y se lo devolvió—. Esta vez no tienes escusa. Eres una pi-gamma-delta, y como pi-gamma-delta tienes que ir a las fiestas de beta-delta-epsilon, y si no, haber entrado en kappa-omicron-alfa que ellas no van a fiestas, ¿vale?

—¡No voy a ir!

El último grito de Darla alertó a sus compañeras, en un par de minutos, cuatro hermanas pi-gamma-delta estaban en la habitación.

—¿Qué sucede? —preguntó una de las más jóvenes, Darla intentó recordar su nombre pero no lo consiguió.

—No quiere ir a la fiesta de beta-delta-epsilon. —informó Rose con aire de suficiencia.

—Noo —corearon las jovencitas alicaídas.

Darla bufó como un gato y se tapó la cabeza con la almohada, le hubiera gustado irse de la habitación pero ese era su cuarto. ¡Qué demonios! ¡Que se fueran ellas!

—Pero eres una pi...

—¡Cómo se te ocurra acabar esa frase te meto el cojín por tu pi-kappa! —le espetó.

Rose la miró malhumorada pero empujó a sus hermanas sacándolas de allí.

—Iros, iros, yo me ocupo —dijo—, estará arreglada en un cuarto de hora.

—No voy a ir a esa estúpida fiesta. —gruñó Darla en cuanto se cerró la puerta.

—Oh, sí irás.

—No, iré.

—Sí, irás.

—No iré, no puedes obligarme.

—Sí irás o... —Rose sonrió— diré a todo el mundo por qué estaba tan nervioso Ryan en su discurso.

Darla enrojeció de golpe.

—Ya sabes —continuó Rose—, cuando estaba allí, en la palestra, delante de todos y se le fue la voz y lanzó ese gritito y ...

—¡No vas a contárselo a nadie!

—No, no lo voy a hacer porque vas a ir a la fiesta y vas a hacer que Ryan, tu Ryan, se sienta muy dichoso.

Darla se levantó de un salto y se vistió, no le gustaba el vestido, no les gustaban las fiestas y no le gustaban los chicos de beta-delta-epsilon pero, como buena pi-gamma-delta, tenía obligaciones que cumplir y eso incluía, cómo no, trabajarse la entrepierna de todos esos deportistas descerebrados.

Frunció el ceño y arrugó la nariz recordando el incidente con Ryan hacía unos días. No había sido ni el momento ni el lugar indicado pero... tenía que hacerse y ambos quedaron muy satisfechos con el resultado. Aunque Darla siempre se quejase, en el fondo sabía que era la mejor en lo que hacía y estaba orgullosa de ello.

No había acabado de repasarse por enésima vez el pintalabios cuando llamaron a la puerta enérgicamente. No habían contestado cuando Ryan entró como un torbellino, sin ser invitado, y cerró la puerta tras él.

Darla le miró sorprendida, él la miró ansioso, se notaba que la necesitaba.

Rose los observó a ambos con detenimiento y se dirigió a la puerta.

—No te entretengas mucho. —dijo cerrando la puerta tras ella.



—Ryan yo... —empezó a decir Darla.

Ryan la miró fijamente y en un momento se quitó los pantalones.

—Te necesito. —dijo con sencillez.

Darla suspiró, asintió con la cabeza y se arrodilló en el suelo.



—Todavía huele a chamusquina —dijo mientras la aguja subía y bajaba —. ¿Cómo se te ha ocurrido planchar?

—Es que... creí que sería más fácil. —el rostro del joven estaba encendido como una cerilla, sentado pacientemente a su lado observaba como su amiga le arreglaba el estropicio del pantalón donde se veía perfectamente dibujada la marca de una plancha.

—Puedo coserte los agujeros pero deberías ponerte otro pantalón.

—¡No, me gusta este! —se quejó Ryan.

—Pues no puedo hacer milagros —dijo Darla cortando el hilo con los dientes—. Bueno, ha sido más fácil que la otra vez.

—Sí —asintió él con una sonrisa—, pero me salvaste la vida. ¡Mira que romperse la cremallera justo en ese momento! Menos mal que me la arreglaste si no hubiera hecho el ridículo delante de todo el campus.

—Pero te pinché, lo siento.—dijo mohína.

—No importa, eres un sol.

—¿Para qué están las pi-gamma-delta?

miércoles, 22 de julio de 2009

Ha sido un mago

Mi pequeña aportación a la segunda edición del concurso Teseo, quedó mejor situado que el Minotauro pero bueno, podía haber ido bastante mejor si me hubiera molestado en repasar el redactado.
La idea, si más no, creo que es bastante original. Parte de cierto episodio de los Simpsons en el que surge el tema que cuando no sepas explicar algo es que "ha sido un mago", y punto. Esa frase la hemos utilizado dentro de diferentes escenarios, partidas de rol, etc... para resolver preguntas para las que no se había planteado una respuesta. Ante cualquier duda: "Ha sido un mago". Y con esta idea, se me ocurrió explicar el fenómeno de Roswell bajo esta premisa, ¿y si hubiera sido un mago?

Ha sido un mago

Balerian cayó de bruces y se golpeó contra el suelo, escupió arena y polvo y dedicó una rápida mirada a inspeccionar el terreno. Un feroz martilleo en la sien le impedía concentrarse. Mientras intentaba controlar las náuseas, recordó el motivo por el que odiaba los portales. Se obligó a incorporarse. ¿Dónde estoy? No, ahora no tengo tiempo para preocuparme por eso. Se había lanzado de cabeza sin pensárselo dos veces, no sabía dónde se había abierto la puerta pero él también la había cruzado y no podía andar muy lejos. No había terminado de levantarse cuando un gigantesco puño de acero le golpeó con furia y lo arrojó a un par de metros de distancia.
— Te encontré. —masculló el hechicero, no sin cierta ración de ironía. Balerian escupió sangre y sonrió ampliamente mostrando su dentadura teñida de rojo. La enorme armadura de rutilante metal que lo acababa de golpear se abalanzó sobre él sin darle la más mínima oportunidad de recuperarse. Balerian esquivó el puñetazo y agarró el guante de acero bruñido con ambas manos.
— ¡Ya eres mío! —exclamó triunfal. El hechicero notó como el río de magia que corría por su interior se hacía cada vez mayor transmitiéndose al enorme golem que comenzó a resplandecer. La armadura luchó por deshacerse de su presa pero Balerian no se lo permitió. Cuando por fin liberó a su oponente ya era demasiado tarde. El gigantesco ser metálico brillaba intermitente mientras cientos de extrañas runas se dibujaban en su superficie. Una mueca de sorpresa y desesperación se vislumbró en el rostro de la criatura cuando comprendió lo que iba a pasar.


El cuervo sobrevoló varias veces el enorme cráter antes de decidirse a descender. Había llegado atraído por una explosión que había iluminado el cielo. Una figura de vistosos ropajes se movía entre los restos de metal que yacían esparcidos en todas las direcciones.
— Has armado una buena —graznó el cuervo, Balerian miró de reojo a su familiar pero no le hizo mucho caso, estaba buscando entre los escombros—, la gente de por aquí andan como locos.
— ¿Y dónde es aquí? —preguntó Balerian mientras levantaba una pesada pieza de la armadura, bajo ella se ocultaba el cadáver semicalcinado de un hombrecillo verde con una expresión de horror grabada en el semblante. — Los gnomos y sus malditos trastos. —dijo para sí.
— Roswell-Nuevo-Méjico —dijo el pájaro respondiendo a su pregunta—, la gente de aquí es rara, no sé qué pensarán que ha pasado.
— Déjales que crean lo que quieran —dijo el hechicero encogiéndose de hombros— siempre pueden decir que ha sido un mago.

miércoles, 1 de julio de 2009

Amanda

Otro pequeño ejercicio de escritura automática. Un pequeño desastre. Si entras por primera vez visita el resto de la página, te prometo que encontrarás cosas mejores.

Amanda

Gotas de lluvia resbalaban por el cristal. A fuera, ya era de noche. La luces desfiguradas reflejadas por los charcos, el humo de las calefacciones y el sonido lejano del tráfico conferían un aire tétrico al callejón. Un gato maullaba entre los contenedores de basuras, disputando la cena con una rata.
Josh no apartaba la vista de la ventana pero sus pensamientos volaban mucho más lejos de la noche tormentosa en un hotel de mala muerte. Recordaba otros tiempos: el sol en el cielo, la brisa en la cara, las olas del mar. Una lágrima furtiva se perdió mejilla abajo mientras acariciaba el frío cañón de una pistola.
— ¡Mujeres! —había dicho su padre tiempo atrás—. No puedes vivir con ellas y no puedes vivir sin ellas.
¡Cuánta sabiduría contenida en una simple frase! ¿Acaso había una forma mejor de definir su situación? No había podido vivir con ella y ahora sentía que moría. En realidad, ya estaba muerto, la pistola era un simple trámite.
[i]All you need is love[/i], insistía la radio en la habitación de al lado. Josh no pudo evitar sonreír al escucharla. El destino tenía un macabro sentido del humor.
— El amor no es suficiente —dijo Josh a su reflejo en el cristal—, nada es suficiente si lo quieres todo.

Y Amanda lo quería todo. Cuando la conoció, su belleza eclipsó la luz del sol. Era hermosa y lo sabía, pero necesitaba que el mundo lo supiera. Y él tan sólo quería que fuera feliz. Le construyó la casa de sus sueños al lado el mar, cubrió su cuerpo escultural con vestidos de diseños y le concedió hasta el más pequeño de sus caprichos, joyas, coches... Todo era poco para Amanda. Y ella le quería. ¡Oh, sí! De eso no cabía duda, le amaba y le deseaba pero no más de lo que se amaba y se deseaba a sí misma. Pronto empezó a pedir imposibles y Josh removió cielo y tierra para conseguirlos.
Un día, pidió una estrella del cielo. Josh tardó, pero regresó con un pequeño colgante engarzado en plata que brillaba como el lucero del alba. Venus no volvió a salir ni al amanecer ni al atardecer. Amanda se lo agradeció con una noche de sexo y pasión desbordados como nunca había vivido. ¿Qué importaba una maldita estrella a cambio de aquello? Si le hubiera pedido el sol el mundo hubiera vivido en tinieblas pero él sería feliz.
No le pidió el sol, pero no tardó en pedirle que detuviera el tiempo para ella. Así nunca envejecería, siempre sería la hermosa joven que le colmaba de atenciones y calmaba su hambre cada noche. Pero Josh sólo tenía un alma que vender y la suya estaba hipotecada. Pero Amanda fruncía el ceño y empezó a mostrarse arisca con él y más amable con los otros de su clase, estudiando sus posibilidades, acechando a quién le pudiera conceder su siguiente deseo. Josh no podía permitirlo, la necesitaba demasiado, las noches sin ella se convertían en húmedas pesadillas de deseo y frustración. Si no le quedaba alma tendría que conseguir otra.
Robó la de un niño, un carterista, las almas infantiles eran muy valoradas. Conseguiría un buen trato por ella. Y el cadáver de un mendigo causaría más pena que revuelo.
Y volvió a casa, con Amanda, y le dijo que sí, que haría lo que ella quería, pararía su tiempo, nunca más volvería a envejecer. Ella estaba radiante de felicidad, y lo demostró a su manera, como siempre hacía. Las noches de abstinencia habían avivado el deseo de Josh que arrancó su ropa de cuajo sin importarle el dinero que había costado y la penetró allí mismo, sin llegar al dormitorio, sin quitarse los pantalones, sin importarle siquiera la presencia de la doncella que miraba sin saber qué hacer.
— ¡Hazlo! —gritó ella en el momento álgido— ¡Dámelo todo! ¡Para el tiempo para mí!

Mucho ha llovido desde entonces. Josh se separó de la ventana sin dejar de acariciar la pistola. Se acercó a la cama. Estaba ocupada por una figura inmóvil que le esperaba en una curiosa postura. Allí estaba Amanda, su Amanda. Parecía disfrutar, tenía los ojos cerrados y la boca abierta con la sombra del orgasmo permanentemente dibujada en su rostro. Nunca envejecería, nunca moriría, el tiempo no trascurriría para ella, sería siempre joven, siempre hermosa y siempre suya. Una preciosa muñeca inalterable para toda la eternidad. Era lo que ella deseaba. Josh la besó y acarició sus pechos, sin dejar de llorar. Se le pasó por la cabeza hacer el amor una última vez, estaba en una posición perfecta para ello pero ya lo había hecho con anterioridad y sólo había encontrado frialdad, le faltaba su fuego, la pasión. era como una de esas muñequitas de Sex Shop. Tenía su cuerpo pero ya no era su Amanda. La había perdido, hasta que el tiempo dejara de existir y él no podía esperar más.

A fuera, era noche cerrada, había dejado de llover. La luces desfiguradas reflejadas por los charcos, el humo de las calefacciones y el sonido lejano del tráfico conferían un aire tétrico al callejón. Un gato maullaba entre los contenedores de basuras, disputando la cena con una rata, salió corriendo cuando escuchó el sonido de un disparo.









miércoles, 17 de junio de 2009

Los héroes De la Luz

Ejercicio de escritura automática que hice con unos amigos. Se trataba de escribir un relato en una hora a partir de tres palabras que no conocíamos hasta el momento. Se trata de que la musa entrene. Algo así como abdominales neuronales.

Las tres palabras: Luz, Héroes, Dios.



Los héroes De la Luz

Los rayos de sol entraban timidamente entre las láminas de la persiana y acariciaba con sus dedos el cuerpo desnudo de la joven que dormitaba en la cama. Albizia entreabrió los ojos y contempló su habitación a través de sus largas pestañas. Ya era de día, tendría que levantarse.
Se incorporó perezosa y se estiró como un gato haciendo crepitar cada uno de los huesos de su espalda sintiéndose fatigada antes de empezar. Un nuevo día y tanto trabajo por hacer...
— ¡Albizia! ¡Albizia! —gritó su madre desgañitándose desde las plantas superiores. Su voz hacía retumbar las paredes de la habitación— ¡Llegarás tarde!
— ¡Ya voy! —gritó ella pero se estiró de nuevo en la cama y se tapó la cabeza con la almohada—. Sólo cinco minutos más.
Cinco minutos más tarde todavía estaba sentada en la cama y no parecía tener mucha intención de levantarse.
— ¡Albizia! —volvió a gritar su madre. Esta vez, el volumen había incrementado considerablemente. La habitación tembló y osciló de un lado a otro mientras la lámpara del techo se estrellaba contra el suelo partiéndose en mil pedazos a escasos centímetros de ella.
— ¡HE DICHO QUE YA VOY! —contestó Albizia usando una voz gutural. Al instante, nubes tormentosas cubrieron el cielo y ocultaron el sol llevando la oscuridad al mundo—. ¡Será pesada! ¡He dicho que ya voy y ya voy es eso, que ahora voy, coño. Y si no llego a tiempo y no me acabo la maldita ambrosía pues ya cogeré una poca de camino al Abismo. Si no se van a escapar, los malditos demonios se quedarán allí esperando a que la maldita diosa que tiene que matarlos se acabe el maldito desayuno.
Enchufó la radio a todo volumen, nada como el hardrock para empezar el día, y se metió en la ducha. Su madre empezó a gritar de nuevo, alguna tontería sobre solecillos confitados y ambrosía amarga. Albizia supiró y subió el volumen de la música.
In fields where nothing grew but weeds... —empezó a cantar a viva voz sin importarle un comino la entonación y la letra, completamente ajena al diluvio que estaba ocasionando en el mundo de los hombres— All because of you that I believe in angels...
Cuando por fin salió de la ducha, se había declarado sequía en tres países, se habían secado cinco lagos y el desierto del Sahara se había expandido doscientos kilómetros. Su madre ya no gritaba, seguramente, cuando al final decidiera subir la esperaría una buena regañina. Pero ella seguía sin tener prisa. Se quedó delante de su guardarropa comprobando los diferentes modelitos de túnica, todas blancas, impolutas y exactamente iguales unas de otras, pero a pesar de eso, Albizia se demoró en escoger la túnica con el blanco más glamouroso y que destacara más el dorado de sus ojos. Después de todo, era una De la Luz, tenía que dar buena imagen.
Cuando llegó al comedor, su padre ya se había marchado. No en vano era él quién se ocupaba de que el día llegara a todas partes. Su madre estaba enfurruñada y no paraba de murmurar imprecaciones mientras cocinaba ingentes cantidades de solecillos.
Su hermano pequeño estaba allí sentado y la miraba con una sonrisa estúpida. Era su hermano pequeño, era estúpido, ¿cómo iba a ser, si no, su sonrisa? Pero ese día era más amplia y estúpida de lo habitual.
— ¿Cuál es el chiste, enano? —preguntó Albizia y al instante se arrepintió de haberlo hecho.
— Voy a ir contigo —canturreó—. Me lo ha dicho mamá.
—¡Joder, mamá! ¡Tiene que ser una broma!
— Modera tu lenguaje, muchachita —dijo amenazándola con la espátula que utilizaba para girar los solecillos—. Serás una buena hermana mayor y ayudarás a tu hermano a sacarse la licencia de héroe, es un De la Luz, es mejor que aprenda cuanto antes las obligaciones que acarrea su apellido.
— Pero, pero, —dijo Albizia golpeando el suelo con los pies irreflexivamente, a cada golpe, el cielo retumbaba y un tifón se iba gestando—, yo voy con mis amigos, solos matamos demonios mucho mejor. ¿Cómo voy a salvar al mundo si tengo que vigilar al idiota de mi hermano?
— Idiota lo serás tú —replicó su hermanito sacándole la lengua—, tú lo que quieres es que no vaya contigo para así poder liarte con ese De La Luna. Pues lo siento por ti pero ese tío tiene más plumas que un pavo real.
— ¡Jo, Mama, mirá lo que dice! No puede hablar así de Linus, él es tan mono.
— No, si mono es, lo mismo cree el chico de De La Mañana.
— ¡Mamá!
— A mí no me digas, es lo que dicen por ahí. Anda, deja de enfadarte y acábate la ambrosía. Necesitas relajarte, desde que te hicieron diosa del clima la temperatura del planeta no ha hecho más que aumentar.
— No es culpa mía, tengo muchísimas responsabilidades: matar demonios, traer la lluvia, hacerme la manicura...
— ¡Ay! Dejad que os vea —su madre, muy emocionada, colocó a su hermano pequeño a su lado y les dio sendos pellizcos en la mejillas, Albizia suspiró abatida pensando que su hermano ya era casi tan alto como ella— ¡Cuánto habéis crecido! Mis dos niños... ¡qué orgullosa estoy de mis héroes De la Luz!