
jueves, 11 de noviembre de 2010
Las Crónica de Eos

domingo, 31 de octubre de 2010
Montones de excusas...
Para empezar: trabajo. Sí, tengo un trabajo de verdad con un sueldo de verdad que me ocupa mucho tiempo, como los de verdad. Así que no puedo destinar todo el tiempo que quisiera a mis pasatiempos.
Para continuar: he escrito una novela. Sí, de verdad. Una novela de más de 100.000 palabras (me han informado de que ese es el tamaño estándar). Una novela un poco especial porque es más bien una secuencia de relatos cortos unidos por un trasfondo común (más parecido a la estructura de una serie de televisión con episodios autoconclusivos y trama de temporada). Se trata de un space-opera donde lo único de ciencia ficción que aparece son ciertos conceptos genéticos, hormonales, y tecnologías relacionadas con la biología porque yo, de física, sé menos que mi gato.
Pero bueno… en estos cuatro meses sin actualizar el blog, se ha reforzado mi presencia en el papel con mi colaboración en los dos primeros volúmenes de la serie (Per)versiones: (Per)versiones cuentos populares y (Per)versiones de la Historia. Ambas las podéis encontrar en Cyberdark. Para saber más cosas del proyecto (Per)versiones, os recomiendo visitar su página web y, cómo no, leerlos.


http://perversionesliterarias.blogspot.com/
Ah, y también podéis encontrar las Calabazas en el Trastero (merecedores ganadores del premio Ignotus), en cuyo volumen de Terror Oriental, también podéis encontrar un relatillo mío.
Lo dicho: cuatro meses muy ocupados.
martes, 29 de junio de 2010
La Elegida de la Muerte: Oïyya
Sí, lo sé, tengo esto un poco abandonado. Pero estoy en un momento de cambios y me cuesta un poco conciliar mi vida con la escritura. Así que ahora no os torturaré con una nueva e inspirada aportación literaria, no; haré algo que no había hecho hasta ahora: una reseña literaria.
El libro es “La elegida de la Muerte: Oïyya”, de Virginia Pérez de la Puente.
Y de qué trata este libro y por qué se ha ganado una entrada en mi blog… porque es mi sobrinito, el niño de una amiga, y un buen libro (si os gusta la fantasía épica).
El libro narra la historia de Issi, una mercenaria con mala suerte que por culpa del azar, acaba con una marca en la frente que le confiere poder sobre la muerte. En medio de una guerra perpetua entre dos naciones, Issi se convierte en una baza nueva, quién se haga con ella podría tener la victoria.
Ajena a todo esto, Issi sigue su camino acompañada por Keyen, Nern y toda una serie de personajes tanto o más carismáticos que ella.
Se trata de una historia adulta, con sexo, violencia e, incluso, cierto puntito gore. Aunque ninguna de estas tres cosas son el alma de la historia, la autora no se ahorra detalles escabrosos pero tampoco se recrea en ellos.
Con suerte, podremos ver la serie de novelas ambientadas en el continente de Ridia. Por ahora, podemos disfrutar en nuestras librerías de un adelanto (autoconclusivo, eso sí) que nos dejará con ganas de más (eso también).

La Elegida de la Muerte: Oïyya
Virginia Pérez de la Puente
Ediciones B
560 páginas
20 Euros
ISBN: 978-84-666-4401-3
martes, 15 de junio de 2010
Cadena de Condena
El fin de semana pasado, fue la Rising Con, la convención de Supernatural, donde pude dar rienda suelta a mi fan girl interior (mentira cochina, fui una fangirl de incógnito que una tiene mucha clase y unos años). A parte de pasármelo en grande con los actores (no seáis mal pensados), tuve la oportunidad de compartir la experiencia con gente fantástica a la que sólo conocía por los foros.
jueves, 3 de junio de 2010
Los Condenados inician su condena
.viernes, 28 de mayo de 2010
Mentiras de nuestros padres
Mentiras de nuestro padres
Dicen que el cielo es azul. Mienten.
Alguien me dijo una vez que el cielo era azul porque reflejaba el mar. Menuda tontería. Si el cielo reflejara lo que sucede en el planeta sería rojo, rojo como la sangre derramada, como el fuego que lo arrasa todo. Sería gris, como la tierra quemada, como las vigas de hormigón que se alzan hasta el cielo. Sería negro, como el luto de las madres, como el vacío de nuestra alma. Sería pardo como los suelos yermos. Incluso podría creerme que una vez fuera verde, pero nunca sería azul. No. No hay nada azul salvo tus ojos y por muy bellos que sean no pueden ser el reflejo del cielo.
Los otros me dicen que soy un ignorante, que llevo demasiado tiempo en las profundidades de la tierra para recordar cómo es el cielo. ¿Y ellos sí pueden? Pueden recordarlo tanto como pueden respirar aire fresco: con la imaginación y en sueños.
A veces, yo también creo puedo recordar el cielo azul. Puedo verme caminando entre la hierba: me llega hasta las rodillas y me hace cosquillas. Río. ¿Te lo puedes creer? Yo riendo; sin duda debe de ser un sueño. El aire fresco peina mi cabello y me inunda con un embriagador aroma a ¿flores? ¿melocotones? Es tan difícil darle nombre a un olor que nunca más podrás sentir…
¿Cuánto hace desde que todo acabó? Ya sabes a que me refiero: el mundo, ¿cuánto hace que murió? ¿Cuánto hace desde que nos vimos obligados a recluirnos en las entrañas de la tierra como ratas, como alimañas que huyen del mal que han causado? ¿Cuánto, desde que tuvimos que escoger entre la muerte rápida o la agonía silenciosa? Pero seguimos vivos, y eso debería importar.
Ya no queda nadie de los primeros. Lo que lo causaron todo, los que nos condenaron a la oscuridad por el mísero precio de nuestra supervivencia. ¿Recuerdas lo que nos enseñaron? ¿Lo recuerdas? Yo aprendí muchas cosas, la mayoría no estaban en sus libros: «Baja la cabeza, esconde la cola y desaparece en silencio. Reza porque el tiempo arregle lo que has roto y muere antes de ver la mirada acusadora en los ojos de tus hijos»
Eso es lo que no querían que aprendiéramos, pero eso fue lo que aprendimos. ¿Sabes que fue lo que me dijo mi padre antes de morir?: «Avergüénzate de lo que hicimos y llora recordando lo que tuviste. Los que vengan tras de ti no conocerán el cielo. Diles que el cielo era azul»
FIN
Una nueva sesión de escritura automática. Esta vez también había un nuevo componente, en vez de las tres palabras de rigor, había que empezar por una frase. En este caso yo misma fui la voluntaria y la que puso la frase: Dicen que el cielo es azul.
domingo, 16 de mayo de 2010
Teseo IV: Un Barco del Norte
El Teseo ha acabado y ya tenemos un justo ganador: Ignacio Cid Hermoso con su relato Un barco del Norte.
Un barco del Norte
Sangre de Odín corre por sus venas. Sangre blanca calentada al fuego de guerras pretéritas. Ella y las demás, todas ellas valkirias en tiempos difíciles, parecen abocadas a un fatal desenlace.
No hace mucho tiempo, tan sólo unos meses atrás, sus deseos habían cristalizado en falso, dando forma a vagas promesas como la conquista de otras tierras, lejos de su patria, donde la vida les habría de resultar más fácil o más vida. Pero aquel tipo las fue engañando una a una, en guerra sucia y desigual, paradigmática de la vileza del hombre cruel y cobarde. Embarcaron en busca de su porvenir y se encontraron con la esclavitud.
Todas aquellas desheredadas del norte de Europa, sin sueños más allá de sus deseos, acabaron sellando su destino para siempre. Un destino crudo como la carne en venta, despeñadero de chicas valientes, empeñadas en guerrear.
—Esta noche tendremos nuestra última oportunidad —dice Anna, la más bella, la más joven, la más convencida de todas.
—Pero… nunca lo conseguiremos. Están armados… nos matarán a todas…
Una valkiria no teme a la muerte. Una valkiria hace del abismo su propia elección.
—Son hombres armados, es cierto. Hombres malos. Pero nosotras somos guerreras. Descendientes de la bella Asgard. Con sus huesos levantaremos nuestro castillo. Con sus ojos buscaremos nuestra libertad.
Una valkiria nunca agacha la cabeza ante la brutalidad viril. Una valkiria nunca se rinde ante el músculo sin seso.
—Sólo dispondremos de unos segundos, justo cuando abran el contenedor para servirnos la cena. Esa será nuestra única oportunidad.
El océano les servía de cuna, meciendo el barco donde naufragaba su miedo.
Encerradas en una lata, en un contenedor industrial, presas de la trata de blancas, consumían sus últimas horas con dignidad. Sus rostros eran negativos recortados contra las paredes de metal, que filtraban sus ganas de venganza a través de unos ojos acostumbrados a la penumbra. Material de prostitución de primera clase. Se miraban sin verse, con los rostros sucios y desnutridos, temiendo y deseando que llegara el momento definitivo.
Al caer la noche, cuando el hombre gordo de acento ruso abrió el candado y destapó la cajita de las muñecas, Anna se abalanzó sobre él. Arrebatándole la pistola, apretó el gatillo y transformó su cara en una flor roja. Las demás saltaron por encima de ellos, salieron a la noche vistiendo harapos, telas sucias y rasgadas. Con los pechos descubiertos, los ombligos impacientes y el orgullo entre los dientes, las mujeres eludieron su destino y se enfrentaron a una muerte segura. Los captores cayeron al agua, aullaron, despertaron, reaccionaron, dispararon… y finalmente vencieron.
Pero nunca más volvieron a someterlas. Nunca llegaron a puerto con la mercancía.
En aquel barco del Norte sólo había dos opciones.
Y las jóvenes valkirias eligieron morir.
martes, 27 de abril de 2010
El Guerrero del Planeta Gris
Esos malditos humanos y sus retorcidos métodos de tortura… Ahora le obligaban a engullir, sin ningún tipo de escrúpulo, formas de vida perfectamente conscientes del destino que les esperaba. ¿cómo podían ser capaces de tan magna crueldad? Obligarle a contemplar las miradas suplicantes de sus víctimas mientras las empujaban contra la parte anterior de su aparato digestivo. Y luego era él la bestia sin sentimientos.
No, no iba a permitirles otra victoria. Pronto sabrían quién era él. No en vano, la suya era la más gloriosa de las razas que surcaban el espacio: un auténtico guerrero del planeta Gris. Él no se dejaría vencer por una raza inferior como la humana, no, nunca.
Nunca doblegarían su voluntad reduciéndole a ser otro despiadado engulle-inocentes. Él era más fuerte que todo eso.
Pero nada podía prepararle ante la nueva acometida de la rastrera cabecilla de sus torturadores:
—Marcos, si no te acabas los guisantes no hay postre, y que sepas que hay flan.
Marcos, el guerrero originario del planeta gris, cogió la cuchara repleta de guisantes llorones y desoyó sus súplicas mientras los masticaba.
Siempre había causas mayores que el honor.
lunes, 12 de abril de 2010
En el fondo del cajón.
Ni corta ni perezosa, encontré una discketera y me dispuse a rescatar su contenido. He encontrado varias cosas: un cuentecillo, varios inicios de novelas y poemas. Sí, habéis oído bien, poemas.
Uno de esos incios de novelas será rescatado a conciencia para ver si funciona como relato corto sobre zombis, a lo mejor sale bien. Por ahora, os dejo algunos de esos poemillas para darle algo de diversidad al blog.
Deja que el ángel se escape,
que vuele alto,
que llegue al sol.
Y luego, cuando caiga extenuado,
ofrécele el techo
que antes no quiso aceptar.
La tarde se ha vuelto oscura,
tras los últimos pesares
de las horas transcurridas.
Mis ojos cansados contemplan
la altura de mis ambiciones
y pienso en el descenso, la caída
a los infiernos
desde el trono de los cielos
y me encuentro perdida.
jueves, 1 de abril de 2010
El Último Café
El último café

El Don Pepe es un sitio pequeño y abarrotado, famoso por sus tapas abundantes y oleosas. Una niebla densa se dibuja en el aire y los ceniceros llenos se burlan de las señales de prohibido fumar.
Roberto es un hombre de unos cincuenta años, pelo cano. Fumador empedernido, todas las mañanas se lee el Mundo Deportivo acompañado por su café sólo y un buen cigarro.
Esta vez es diferente, tiene compañía. Una mujer hermosa, vestida con un impecable traje negro, se sienta a su lado.
Roberto la mira de reojo.
Roberto: —No es justo. (Dice con tristeza y lo repite varias veces)
ELLA: —No estoy aquí para decidirlo. (La voz de ella es fría)
Roberto: —Es que... no puedo, no puedo. Es muy pronto, no puedo irme contigo.
ELLA: —No es tan fácil.
Roberto: —¡Pero tiene que serlo! La gente lo hace continuamente, salen en las noticias.
ELLA: —Tú lo has dicho, si es tan fácil ¿por qué salen en las noticias?
Roberto: —Pero...
ELLA: —No hay peros.
(Roberto niega primero con la cabeza y luego, asiente cabizbajo, mientras intenta contener el llanto)
Roberto: — ¿A dónde iremos? ¿Es un sitio bonito?
(Ella sonríe con picardía antes de contestar)
ELLA: —No voy a contártelo, estropearía la sorpresa.
(Roberto sonríe, siempre ha tenido sentido del humor y sabe reconocer un buen chiste)
Roberto: —¿Puedo, al menos, acabarme el café?
ELLA: —Está bien, pero acuérdate de pagarlo.
Roberto Díez se toma su café con una sonrisa en los labios; paga el cafe y deja diez céntimos de propine. Mira a la mujer de negro y asiente.
Roberto Díez cae al suelo muerto.